"Las revueltas árabes se parecen a la Revolución de los Claveles"

-Qué supuso el 25 de abril de 1974 para Portugal. Aquí, en la Raya, se vivió con intensidad. Todo se desmoronaba al lado, a muy pocos metros, en las calles, los caminos. España era un hervidero, una olla a presión repleta de rumores... y muchos viajes, no precisamente a por café al otro lado de la frontera.

-Para Portugal significa liberarse de un régimen decrépito, enrocado en sí mismo, incapaz de afrontar los retos de una nueva sociedad desangrada por unas guerras coloniales absurdas. El régimen, instalado en el pasado, en el imaginario colonial, no quería dar su brazo a torcer aunque eso supusiera la sangría de los jóvenes que o bien se iban a luchar durante cuatro años a Angola o se declaraban prófugos y abandonaban el país. Los españoles vivimos el 25 de abril como una esperanza. Si los portugueses se habían rebelado, aquí la rebelión era posible. Estoy convencido de que sin la sombra de los claveles, la disolución del franquismo y nuestra transición hubiera sido muy, muy distinta.

-¿En qué sentido?

-El régimen supo ese día que la dictadura tenía los días contados. Se percató de que si no queríamos que sucediera lo que había sucedido a nuestros vecinos, debíamos arreglar las cosas de otra manera. Muerto Franco había que abrir la mano, no fuese a estallar la mano. El modelo de cambio fue distinto en ambos países y eso es algo que todavía se nota muchísimo.

-Otro rasgo que se ha subrayado mucho es la conexión entre los hechos del 25 de abril y las últimas revueltas populares del Magreb.

-Sin duda. Es curioso, pero si hoy volviéramos a ver las imágenes del 25 de abril, creeríamos estar en Túnez o El Cairo de hace unos días. Yo estaba fascinado: era exactamente igual. A veces, no exagero, cuando salían imágenes de Tunicia o de El Cairo, trataba de buscar a los personajes de la novela.

-Con razón dijo el jurado que el autor de Las cenizas de abril parecía un autor luso. Habla usted de Portugal como si fuese el zaguán de su casa.

-Esa fue la apreciación del jurado, efectivamente. Mucha de la saudade portuguesa se nos ha colado en España. Esa melancolía, esa ausencia de alegría nos hace un poco iguales. Con razón hay quien quiere unir a los dos países en uno, como dijo Saramago. Habrá que pensarlo.

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