"Mi relación con el flamenco es monacal, sin domingos ni festivos"

Manolo Sanlúcar divide su tiempo entre su localidad natal y El Pedroso, donde tiene una finca. Pero tanto en el Bajo Guadalquivir como en la Sierra Norte sevillana, el autor de Locura de brisa y trino se mantiene fiel a esa "existencia monacal", como él mismo la define, desde la que medita a menudo sobre la vida y el arte. Unas reflexiones que ha vertido en su primer libro: El alma compartida, que ha publicado la editorial Almuzara.

-Uno de los referentes de esta obra es su padre, Isidro Muñoz.

-Mi padre es un ser humano impresionante. Es una persona con un sentido ejemplar del arte, de la ética y de lo que es nuestra tierra, Andalucía.

-¿En qué momento surge su vocación literaria?

-A la edad de diez años tengo ya relación con la música, la pintura y la literatura. Me pasaba el día pintando, tocando la guitarra, escribiendo poesía. A medida que fui creciendo como guitarrista y haciéndome mejor músico, relacionarme con las tres disciplinas se hizo más difícil y tuve que renunciar a pintar. Los poemas y reflexiones nunca los rompí del todo y en estos años seguí escribiendo cositas.

-¿Cuál es la génesis de esta obra y en qué género la encuadra?

-Mi único hijo murió y se llevó con él cuanto yo era. Me sentí más perdido que nunca, y eso que jamás estuve encontrado, la verdad. Tenía un desinterés tremendo por la vida. Mi médico y amigo personal me animó a escribir para sacar cuanto tenía dentro y ver las cosas más claras. Muchas de las reflexiones que recoge el libro son fruto de ese tremendo dolor pero también hay recuerdos muy felices, sobre todo de mi experiencia y cultura familiar. El problema fue decidir cuál debía ser la recepción de este proyecto. Se iba a presentar como un ensayo, pero finalmente se le dio forma de libro de recuerdos.

-Su experiencia artística ocupa un papel esencial en su memoria.

-Llevo más de cincuenta años de profesión. Comencé a los trece años acompañando a los más grandes artistas: Pepe Marchena, Pepe Pinto, La Niña de los Peines, Canalejas de Puerto Real, La Paquera de Jerez... Desde que entré en el flamenco, nada me fue indiferente, todo lo fui asumiendo hasta conformar mi relación monacal con él. Domingos y festivos no tienen ningún sentido para mí. Estudio y toco la guitarra a diario.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios