"El problema es que con las siglas se coarta la libertad de una u otra manera"

  • El escritor granadino resume más de 50 años de trayectoria en la antología 'Ser un instante' (Fundación Unicaja), con versos marcados por una duda metódica que aspira a la esperanza

Entre el primer poema y el último de Ser un instante (Antología poética 1956-2010) median más de 50 años. Pero sin esta información previa sería difícil saber qué poema escribió primero. A sus 78 años, Rafael Guillén mantiene intacto su escepticismo ante la vida aunque todavía se emociona cuando llega a su abigarrado despacho un nuevo libro.

-Dice que tiene sentimientos contradictorios cuando empiezan a darle premios y a editar sus libros en tapa dura. ¿Qué resortes se le remueven?

-No se me remueve más que uno. Ya quisiera yo que se me removiera algo más... A saber: la constatación de que me he hecho viejo.

-¿Le recuerdan estos tiempos de depresión colectiva a los años cincuenta?

-En los años cincuenta no era sólo la penuria económica de cinco millones de españoles, que ya es para llorar. Era el hambre, que se extendía hasta los últimos rincones. Mi madre hacía cola para conseguir algo del queso pasteurizado y de la leche en polvo que nos enviaban los americanos. Y, por encima, sobrevolando, la represión, que no sólo era ideológica y cultural, sino que se metía contigo en la cama. A las mozuelas sólo podíamos pegarles un achuchón en las apretujadas aceras, cuando se acercaban los caballos encabezando las procesiones.

-¿Qué es lo que le ha llamado más la atención del estudio crítico de Morales Lomas? ¿Qué le ha descubierto de su obra?

-Me ha llamado la atención y me ha sorprendido muy gratamente el interés que ha demostrado y el hondo conocimiento de las tendencias actuales de la poesía que pone de manifiesto en relación con mis libros. Y me ha descubierto o, mejor, ha dado luz en su análisis a muchos resortes, indispensables en toda creación, que están en penumbra hasta para el propio autor.

-Amor, tiempo, materia y el sentido de la existencia ¿Qué versos concretos de su obra reflejan estos cuatro puntales de su antología?

-"Sólo acierta en amor quien se equivoca/y entrega mucho más de lo que entrega". "El tiempo es un conjunto/de irrellenables huecos sucesivos". "¡Ah, si existiera la materia!". "¿Qué sería/ el desierto si no se acurrucara/ en torno a mí?".

-¿Una antología poética es una antología vital también?

-Lo malo sería que fuese mortal.

-A diferencia de otros escritores no ha tenido usted una militancia política definida. Se involucró en el primer homenaje a Federico García Lorca pero parece que siempre anda huyendo de siglas. ¿Por qué?

-Me involucré en aquel primer homenaje a Lorca como me he involucrado en todo lo que defiende las pocas ideas que tengo claras: la libertad, la verdad, la justicia, la igualdad. De palabra y por escrito. El problema, mi problema, es que con las siglas se coarta la libertad de una u otra manera, al amparo de todas se miente al ritmo mismo de la respiración y ¿qué decir de la justicia y de la igualdad? ¿Qué puedo hacer cuando las supuestamente de izquierdas se comportan como las de derechas o viceversa? Me van a volver loco. Es como para coger el transbordador de las diez y veinte para Marte.

-¿Qué le sorprende a Rafael Guillén en la actualidad?

-Me sorprende todo. Es lo que me mantiene vivo, dentro de lo que cabe. No quisiera perder el don de la sorpresa. Todo es sorprendente, desde una mujer que pasa a tu lado "con todas sus velas desplegadas", como decía en uno de mis poemas, hasta una puesta de sol; sin tener que irte a la indonesia playa de Kuta donde, diariamente, todo el pueblo en masa se va a la playa a ver ponerse el sol. Mal poeta será el que no logre sorprender en cada verso.

-El primer poema de antología, de 'Antes de la esperanza' (1954), dedicado "a vosotros, amigos míos poetas", concluye con "seré un silencio más en vuestros labios / y me amaréis, después, de todo esto / que no supe encontrar a vuestro lado". Con apenas 21 años, era ya todo un escéptico...

-Todo visionario es un escéptico, ya que ambas actitudes parten de un desapego a la realidad circundante y cotidiana. Digo visionario porque algo de eso tienen no sólo los poetas, sino los escritores y artistas en general, por más que a veces pretendan reflejar el mundo que les ha tocado vivir. Lo que me gustaría saber es cómo escribí eso con esa edad y, sobre todo, verme ahora escribiéndolo con 21 años en cuerpo y alma; sobre todo en cuerpo.

-Por contra, el último poema de la antología es 'Quemé las naves' (2010), donde afirma que "no había vuelta atrás, porque no había atrás, ni antes". Este poema lo escribió con 77 años, más de 50 años después del anterior. Y también es un tratado de la duda, del escepticismo.

-Por algún sitio tengo dicho que sólo creo en la duda. Ahora bien, cuando te aproximas a los 80 años existen pocas dudas, porque las dudas se refieren siempre al presente o al futuro, y ambos escasean ya. El desapego a la realidad, en tan poco grata circunstancia, no proviene de una ausencia de percepción sensible, como es la del visionario, sino de que realmente estás despegando.

-A estas alturas, ¿prefiere un buen viaje a un buen poema?

-Hay viajes en los que he escrito buenos poemas, al menos, eso creo. ¿Qué interés tiene usted en que no escriba si estoy en la Patagonia?

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