barbara Hendricks. cantante

"La música busca hacernos reconocer que somos parte de la misma familia"

  • La soprano estadounidense, premio Príncipe de Asturias de las Artes, ofrece hoy en el Tío Pepe Festival de Jerez el único concierto que dará en España este verano

Barbara Hendricks (1948, Stephens, Arkansas, EE UU) ofrece el próximo domingo un recital exclusivo. Barbara Hendricks (1948, Stephens, Arkansas, EE UU)  ofrece el próximo domingo un recital exclusivo.

Barbara Hendricks (1948, Stephens, Arkansas, EE UU) ofrece el próximo domingo un recital exclusivo.

La artista norteamericana Barbara Hendricks, soprano e intérprete de jazz, blues y otros géneros musicales como góspel y espirituales, ofrece hoy un recital exclusivo, Route to Freedom, en el IV Tío Pepe Festival de Jerez. Es la única cita en su agenda de conciertos de este verano en España, un espectáculo que es un compendio de toda su carrera y en el que regalará un repertorio trufado de jazz, góspel, espirituales y, por supuesto, lírica. La voz y el carisma de Hendricks estarán acompañados por los experimentados y prestigiosos músicos Mathias Algotsson, al piano y órgano, y Ulf Englund, a la guitarra. Condecorada con la Legión de Honor francesa o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, actualmente es la única embajadora vitalicia de buena voluntad de la Acnur. Desde 1987 se ha dedicado a promover los derechos humanos.

--Cuando usted tenía 8 años, en Arkansas, se integraron por primera vez alumnos negros con alumnos blancos en las escuelas. ¿Cómo influyó eso?

-Bueno, no exactamente. En 1967 fue el comienzo del fin de la segregación en las escuelas, pero pasó mucho tiempo hasta que esto ocurrió realmente. No sucedió ese año porque el gobernador mandó a la guardia nacional a mantener a los alumnos negros fuera de las escuelas y el presidente tuvo que enviar a la Armada. Y esta fue la primera vez, en el Sur, que los alumnos negros intentaron acabar con la segregación en las escuelas.

--¿Cómo vivió este apartheid?

-Bueno, hay más de un nivel en el que se percibe. Desde el punto de vista personal, como niña, básicamente no me sentí afectada porque no vivía en una gran ciudad, vivía en el campo y mi vida estaba entre la escuela, en la que mi madre era profesora, y la iglesia, en la que mi padre era pastor. Pero por supuesto me afectaba en el sentido en que sentía había algo que estaba mal, de que algo no estaba del todo bien. Cuando me hice mayor ya había empezado el movimiento por los derechos civiles, en 1955, cuando un joven pastor (Luther King) fue escogido para liderar un movimiento de boicot contra la segregación en los autobuses municipales de Alabama que había iniciado Rosa Parks, porque todo estaba segregado. Todo. Y todo era público: colegios, hospitales, incluso el agua. Así que tú podías coger un autobús, pero te tenías que sentar detrás, y esta joven mujer se negó a sentarse detrás, lo que originó el boicot. Así que cuando este movimiento empezó, yo estaba a punto de convertirme en una adolescente. Fue un tiempo muy esperanzador, tiempo de cambiar y cambiar a mejor. De modo que lo viví con miedo pero también con una enorme esperanza.

-¿Usted sigue palpando la discriminación?

-Nunca pienso que la razón por la que algo no pasa, ni cuando quiero que pase, tenga que ver con mi raza, pero por supuesto, siento esa discriminación porque existe, todos la sentimos. Todos los seres humanos tenemos una debilidad, prejuicios, somos todos muy capaces de ser racistas. Y probablemente todos lo hemos sido, debido a que se tiende a juzgar a alguien por su raza, religión o algo. Es parte de la vida sentir eso.

-¿Qué le hizo aparcar las matemáticas para convertirse en cantante?

-Yo he cantado siempre. Cantaba de niña en el colegio y en la iglesia, y me encantaba. Cantaba en la universidad, en un coro, y también en el coro de la iglesia para ganar dinero. Alguien que me escuchó cantar me abrió la posibilidad de ir en verano a una academia de música en Colorado y escogieron a un profesor para mí. Y realmente fue la primera vez que estudié música clásica. También había un festival con artistas internacionales y allí Jennie Tourel se convirtió en mi única profesora. Ella me dijo: "Tienes un gran talento; si quieres continuar, te aceptaría como mi alumna en la escuela Juilliard en Nueva York". En ese momento fue cuando tuve que decidir. Me quedaba un año para terminar la universidad, así que volví para terminar mi carrera. Esto pasó cuando todavía tenía 19 años. Cuando la terminé, tuve que preparar una audición y no sabía cómo porque no tenía repertorio, pero lo hice con ayuda de profesores de la universidad. Y fui aceptada con una beca en la escuela Juilliard de Nueva York, que es uno de los mejores conservatorios del mundo. Esto cambió mi vida.

--¿Con qué se queda tras tantas décadas de carrera?

-¡Oh! Diría que después de estas increíbles bendiciones de mi vida, con haber podido compartir un mundo con algunos de los mejores músicos de mi tiempo y el tener ciertamente trabajos con grandes directores. Y también con las generaciones anteriores a la mía, unas generaciones esenciales que me dieron algo, que me hicieron parte de una gran tradición. También celebro poder trabajar con tantos músicos maravillosos que enriquecen mi mundo y ofrecen tanta música maravillosa. Tanta música grande, divina.

-Su gira se llama Camino a la libertad. ¿Cuánto tiene de utopía esa búsqueda?

-No sé si es utopía, pero creo que tenemos que estar siempre intentando superar el punto en el que estamos. Nos estiramos hacia las estrellas, no importa si sabes cuán lejos están las estrellas... hay que ir hacia ellas. Pero ésta es la misión de nuestra vida. Desde el inicio de los tiempos, la gente ha estado viajando y migrando para ir más allá de donde están. De modo que siempre estamos tratando de alcanzar las estrellas, ¿y es eso una utopía? Una utopía en el sentido en que es algo que nunca pasará, pero pienso que debemos creernos que sí es posible. Debemos buscar superarnos, pero también saber que el pasado es importante.

-Usted ha elegido un repertorio para esta gira de canciones que le emocionan y que "son útiles". ¿Hasta qué punto es necesaria hoy la música para combatir las injusticias sociales?

-Pienso que toda la música, todo el arte, tiene el propósito de hacernos reconocer que estamos todos unidos, que somos todos parte de la misma familia. Pero la música, particularmente a través de la voz, es una forma de entrar en un lugar en el que no queremos que nos toquen, no queremos que nos muevan, y nos hace vibrar juntos a la vez durante un concierto, y creo que este lugar en el que vibramos proyecta un momento mejor juntos. Este lugar es el mismo del que procede la Declaración de los Derechos Humanos. La mejor parte de nosotros viene del hecho de ser seres humanos, el reconocer que venimos todos de la misma familia y que para vivir en paz debemos respetar los derechos de todos y cada uno.

-Ha dicho en alguna ocasión que el góspel es un ejemplo de cómo la música puede unirnos. ¿El arte puede curarnos de tragedias como las de los refugiados?

-Bueno, yo no puedo ir a Siria y cantar y hacerles parar de luchar. Como sabes, no es ese el propósito, pero la música nos recuerda que somos diferentes a los animales. Nosotros creamos cosas que hablan de la condición humana y lo compartimos con otros seres humanos, de modo que sentimos. Y cuanto más conectados nos sintamos entre nosotros, menos intentaremos destruirnos unos a otros.

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