"La izquierda española perdió una gran oportunidad en la intentona del 23-F"

  • El autor publica con Paréntesis 'La ciudad subterránea': un retrato generacional con tintes autobiográficos · La figura del poeta y maestro represaliado Juan Pérez Creus vertebra el relato

La vida de Juan Pérez Creus, profesor y poeta, le ha servido a José María García López (Ávila, 1945) como elemento inspirador de su última novela, En la ciudad subterránea. Un proyecto que nació queriendo ser una especie de autobiografía novelada y que ha terminado siendo una instantánea intergeneracional: decisión que se vio forzada una vez García López comenzó a indagar en la vida de J. (como lo llama en la novela), intrigado por el trabajo sobre maestros represaliados que realizó Manuel Santander: "A Pérez Creus llegué a conocerlo, pero terminé perdiéndole la pista -explica el escritor-. Su vida no es brillante (la vida de su mujer, Milena, es más novelesca todavía) pero sí es trágica, y tiene muchos elementos novelescos. A la hora de recrear la historia de su marido, Milena tenía muy buena memoria pero había cosas que no me contaba porque aún no se fiaba de mí... De hecho, mucho de lo que averigüé sobre la época de la guerra fue consultando en archivos, sobre todo, en el Archivo Militar número 2 de Sevilla..."

Juan Pérez Creus, como J., se suicidó poco antes de cumplir noventa años: "No creo que fuera por mala conciencia política -apunta García López-, pero yo le doy al personaje un poco más de carga psicológica: lo presento como un hombre que ha sufrido por ideales que traiciona y que termina teniendo que vivir a la sombra de gente que estaba muy cerca del Régimen".

Su relación con su mujer, que era originaria de Montenegro y que "hablaba constantemente de sus ancestros, los príncipes obispos, y de la imprenta y el Código de Justicia montenegrino, le movió a adoptar posturas tan inexplicables como defender a Milosevik", indica el escritor. Poeta, aunque no de producción notable, tal vez esa extraña trayectoria hiciera que, al morir, ni Hilario Tundidor, ni Campany ni García Nieto dijeran nada. Sólo hubo notas necrológicas de Cela, Umbral y Javier Villar.

José María García López decidió utilizar la biografía de Pérez Creus como motriz cuando descubrió sus años en la India y la anécdota del hallazgo de su propia tumba: "Un periodo de su vida que yo desconocía por completo y que él definía como su mejor época -comenta-. De ahí le vino su heterodoxa vocación esotérica y espiritual. Su viaje a la India tiene con ver con el discurso de Miguel Serrano, que defendía las teorías ocultistas de los nazis..."

"Todos estos personajes iluminados y esotéricos pretendían resucitar los mitos -prosigue García López-. A mí todo esto me recordaba con mucha admiración al Underground de Kusturica. Y el título de La ciudad subterránea va un poco por ahí, mezclando varias ideas. Madrid, una ciudad tan taladrada por el metro, ofrece un subsuelo muy sorprendente... Pensemos en los viejos sótanos de la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol; o el sótano extraño que yo mismo visité en lo que es el actual Museo Reina Sofía, con una tremenda mitología, pues fue hospital de sangre durante la guerra... O el sótano de la Librería Abril, adonde acudían Hierro, Bonald, Gloria Fuertes y los poetas sudamericanos; y el café Lyon tenía también un sótano en los años veinte donde estaba la tertulia de La ballena alegre y se reunían allí los modernos, o las cuevas de Sésamo, también lugar de poetas y escritores con las paredes llenas de autógrafos... No era tan difícil de imaginar un mundo subterráneo y busqué que el centro de Madrid pudiera ser símbolo del final del Franquismo, con un lado secreto un poco conspirativo, y por eso bajo el suelo los protagonistas evocan la vida del pasado, las experiencias de la guerra a través de lo vivido por Pérez Creus".

La vida de Pérez Creus sirve de red a las demás biografías que se entrecruzan en La ciudad subterránea, y es en ellas donde aparecen las notas autobiográficas: "El libro está dividido en estaciones y, de manera bastante inusual, comienza con el invierno -explica el autor-. Yo al menos recuerdo que en esos tiempos, en el 68-69, cuando íbamos al café Lyon, parecía siempre invierno. Literariamente, se justifica ese final del Franquismo como una noche invernal permanente. El protagonista conoce a J. cuando este ya es mayor, en un invierno político, y sigo en otoño, vida de madurez, y ya desciendo a primavera, que viene a ser de manera muy elemental lo que los jóvenes de la época creíamos: que después de un invierno del descontento llegaría la primavera, una especie de revolución de los claveles".

Los conflictos y la violencia de los setenta también cuentan con un gran protagonismo en la novela, con las fuerzas de la ultraderecha omnipresentes: "Ahora mismo, estoy trabajando sobre los años de plomo en Italia -indica José María García López-, y se ve que había una conexión entre movimientos reaccionarios en Europa. En el atentado de los abogados de Atocha estuvo implicada una fuerza internacional anticomunista. Una presencia que fue especialmente significativa en aquellos países con izquierda importante como Francia e Italia, además de la política internacional de acoso y derribo a los movimientos de izquierda que tuvo bastante éxito".

Para José María García López, como para alguno de sus personajes, la izquierda española perdió, tras el intento de Golpe de Estado del 23-F, la oportunidad de librarse de los privilegios e inercias de la "derecha sempiterna": "Yo personalmente lo creo así -indica-. Habrá otros que digan que no, que podría haberse corrido un riesgo muy grave en la Transición. Pero pienso que, en ese momento, se debería haber aprovechado para terminar con ciertos trapos tibios y herencias, y creo que seguimos pagando ese débito".

"Luego, posteriormente, hemos vivido la renuncia al marxismo por asociarlo con el totalitarismo... muchos intelectuales han dado por hecha esa relación -prosigue García López-. Pero esta no es una autocrítica seria: hay tabúes que quedan ahí durante mucho tiempo, y creo que eso ha provocado cierta concesión demagógica".

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