Fila siete

Una historia de amor

David Lean, realizador de películas tan importantes en la historia del cine como Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) y La hija de Ryan (1970), entre otras también memorables, que nunca fue el clásico director británico ni tampoco se vio atraído por el estilo del cine de Hollywood, tiene en su filmografía un título, aparentemente menor, pero que es una pieza maestra de la sensibilidad y el drama romántico. Es la película que hoy nos ocupa y que cierra el ciclo Tres historias de amor, que ha venido celebrando durante este mes de febrero el Cine Forum de la Gota de Leche, Casa de la Juventud, Breve encuentro, dirigida en 1945.

Esta película tuvo una nueva versión en 1974 protagonizada por Sophia Loren y Richard Burton, realizada por Alan Bridges con la mejor voluntad pero con limitada fortuna. En años posteriores ha tenido influencias notables en argumentos románticos como El próximo año a la misma hora (1978), de Robert Mulligan; Los puentes de Madison (1995), de Clint Eastwood y Antes del amanecer (1995), de Richard Linklater, a la que diera una distinta perspectiva en 2004 con Antes del atardecer.

Contrariamente a la mayoría de su cine en Breve encuentro, David Lean, se ocupa de las voces interiores, de primeros planos luminosos, de austeros escenarios y de una estructura dramática construida en función de un tiempo narrativo que se reduce a unos cinco o seis jueves en los que los enamorados se encuentran. En un escenario muy concreto, el bar de una estación ferroviaria, en el que la encargada y el jefe de estación componen un contrapunto histriónico y muy humorístico, Laura y Alec, agotan los últimos momentos que comparten juntos. Sabemos en esas breves citas de sus vidas, del origen de esta furtiva relación, de unos fugaces encuentros que nunca van a tener una consumación más íntima y de unas decisiones que han de tomar tan complejas como dolorosas.

Tanto el arranque del flash back como el uso de la voz narrativa de la protagonista han sido utilizados con mucho tacto, de manera que los monólogos interiores y las reflexiones bien evidenciadas, son un distinguido prólogo para rememorar los días pasados por Laura y Alec, que resultan toda una sincera y reveladora confesión. La sencillez y el acierto de la realización se acreditan claramente en la estructuración fílmica de la relación entre los dos amantes. Hay como un logro de intimidad, de propiedad, en lugares que son públicos, que, sin embargo, parecen pertenecer exclusivamente a la pareja. David Lean ha sabido ordenar los planos con un coherencia admirable, algunos de una definición contundente y significativa en el contexto del relato. Es un film que, con todos los honores, forma parte de esa imaginería cinematográfica británica integrada en los grandes clásicos. Hermoso fondo musical del Concierto para piano número 2, de Sergei Rachmaninov.

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