Como es costumbre

  • Tras cinco años de silencio discográfico Kiko Veneno vuelve a la carga con un nuevo trabajo, 'Dice la gente'

Agazapado en la carátula interior, esquina superior izquierda, Robert Allen Zimmerman da la cara desde Another Side of Bob Dylan. "La cocacola es siempre igual, pero yo no, yo puedo cambiar". Sí y no. Depende. Hay cosas que no cambian. No.

Cinco años después de El hombre invisible, aquel hermoso disco con "más horas que una granja de pollos", Kiko Veneno, caudaloso Guadiana del rock español, muda y permanece. Más allá de un cierto modus operandi accesorio -autoproducción con alianzas en la distribución; antes V2, ahora el dinosaurio Warner a través de DRO-, queda ese José María López Sanfeliú que pudiera parecer empeñado -empapado de sudores-, aplicado en la fragua de la música popular, pero al que la música popular, vaya, le brota con tan aparente naturalidad que más que del empeño científico y del discurso teórico resulta fruto de un indudable y cotidiano talento: el de la observación del entorno y del universo sonoro que lo circunda.

Nos matará el café / Nos matará la droga / Nos matará tal vez / Un hombre bueno con pistola ... [y antes] Nos matará el camión / Que nos llena la nevera / Camino de Benidorm / Un día de primavera.

Agazapados en Dice la gente, la canción que titula su decimocuarto disco, juegan al escondite Lennon, Julio Matito y tantos y tantos otros. Los que esperan desde la nada y hasta nunca.

En una canción tan grande caben muchos: incluidos el ya también desaparecido guitarrista malí Ali Farka Toure y su amigo Ry Cooder, de cuyo Soukora (Talking Timbutu, 1994) respiran, o al menos pudieran respirar, esta atmosfera, esta estructura, este sutil y al tiempo imponente entramado armónico sobre el que Kiko juega a uno de sus juegos favoritos, poner del revés los lugares comunes: Dice la gente / Que de algo hay que vivir / Que sólo se muere una vez / Yo creo que eso no es así / Se muere muchas veces / Yo siempre muero por ti...

El viento de África, que diría otro conocido, silba cálido y cercano entre varios de estos surcos imaginarios, y ésa no es sólo una novedosa y agradecida muletilla. Otra, ésta recuperada ahora de la memoria: los frondosos desarrollos instrumentales finales que adornan Cadena de oro y El duende -la segunda, con zapateado de Israel Galván-, ceremonias en las que comulgan los oficiantes de ese núcleo duro y fiel: el bajista Juan Ramón Caramés, el baterista Jimmy González, el todoterreno Raúl Rodriguez...

No faltan arrebatos nuevaoleros, mecánicos, si se prefiere -La chispa, Campeones de la suerte-; apropiaciones confesas y conversas -la anunciada revisión del Bird on The Wire de Leonard Cohen- ni amores verdaderos, entregados y recelosos -Andalucía / Tú lo sabías / Que yo te quería / Te miraba y me callaba / Niña presumía / Pero nunca te decía na...-.

Como es costumbre, no falta ni esa melodía que, escuchada una vez, ya se queda enredada en el oído, aquí engalanada de verde cannábico, puro divertimento contagioso, chascarrillo irrenunciable, himno-guiño con vocación popular: La rama de Barcelona.

Como es costumbre, Dice la gente suena, llega, tan sincero como los más acertados capítulos, exitosos o no, en la discografía de Kiko Veneno. Y quienes lo siguen de antaño van a saber agradecérselo.

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