El clamor de una ciudad milenaria

La Banda Sinfónica Municipal de Huelva ha encontrado una versatilidad con que se está forjando una afición interesante en la capital. El consabido sector de melómanos que acuden fielmente a los conciertos desde hace muchos años se diversifica ahora con un público general. Y el Otoño Cultural Iberoamericano, que nace en la Fundación Caja Rural del Sur de Huelva, está contribuyendo a enriquecer el panorama de una ciudad que poco a poco amplía gustos y tendencias. Géneros de siempre resultan compatibles con una oferta nueva donde cobran protagonismo autores y obras prácticamente desconocidos.

Aprovechándose la coyuntura del XXIII Congreso Iberoamericano de Mujeres Empresarias, desarrollado en estos días, se ofreció un concierto que aglutinaba lenguajes contrastados de tres compositores del siglo XX, nacidos cada uno en una década (años veinte, cincuenta y ochenta). Tres cuartas partes del aforo registrado el viernes en la Casa Colón se lo pasó en grande en unas recreaciones sinfónicas de alta escuela; la mejor herencia del último romanticismo se iba fundiendo a vertientes folclóricas que daban a la música un colorido inusitado. Cuando las texturas se modifican hábilmente introduciendo menudencias y efectos, se crea en el auditorio una expectación, la que caracteriza al poema sinfónico. Además, las incursiones en el jazz y el pop fueron ese estímulo para el oyente que aún no ha dado el paso definitivo hacia los repertorios convencionales

Del alicantino Óscar Navarro se eligió El arca de Noé y Libertadores. La primera es una genialidad descriptiva donde el corno inglés, que entona una especie de leit motiv, nos adentra en la Biblia evocando un sinfín de onomatopeyas, como el arrullo de la paloma a cargo de la flauta, pinceladas a tutti fundamentados en la percusión y llevados a disonancias intrigantes; las tubas tocaron un pasaje parecido a los compases finales del Bolero de Ravel y Francisco Navarro ratificó su talento en un pianissimo exquisito que contorneaba a la escala y el juego interválico de instrumentos de percusión. La segunda se anunciaba como debut onubense y se llevó al público de calle con un despliegue sonoro complementado por una dramatización magnífica; aquí el compositor funde los lenguajes europeo y americano, académico y ancestral entrecruzando ritmos indígenas que se hacían más palpitantes en síncopas de auténtica artesanía; los instrumentistas de la banda cantaron (en guaraní), palmetearon con elegancia irreprochable y dos tamborileros desfilaron por los laterales del escenario hasta flanquear al director; allí, situados uno frente al otro como si de un baile precolombino se tratare, entrechocaron sus palillos coronando de este modo la interpretación músico-dramática de la obra, que desencadenaría un aplauso atronador en el auditorio.

Pacific dreams, del holandés Jacob de Hann, envolvió cómodamente con su evocación del pop de los ochenta y la esplendorosa percusión típica de espectáculos y series televisivas; también la amplitud sentimental hizo que la banda se recreara gustosamente. Y el japonés Naohiro Iwai, en su Benny Goodman memories, cerraba la velada con una obra que se apoya en una obstinada percusión y que va ganando terreno con bonitos contrapuntos entre el viento-madera y el viento-metal; dos instrumentos, en ensimismado diálogo, crearon un ambiente de crápula ciertamente irresistible; después el director desveló sus mejores artes llevando a la banda a unos pianissimi únicos.

Jaime de Vicente, coordinador del Otoño Cultural, y Paula Santiago Domínguez, la presidenta de la Fundación Santa María de Belén, beneficiaria del concierto, expresaron su agradecimiento y compartieron los inconmensurables afanes que se viven en la confluencia de Huelva e Hispanoamerica.

El arca de Noé y Libertadores de Navarro Pacific dreams De Hann y Benny Goodman memories de Iwai. Banda Sinfónica Municipal de Huelva. Dir: Francisco Navarro Lara. Palacio de Congresos de la Casa de Colón

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