Un asesino muy peculiar

Advierto, no sin cierta sorpresa, que sigue figurando en la cartelera un título, absolutamente prescindible, de esos que, con su éxito de taquilla, cierra el paso a películas más deseables y de calidad contrastada. Me refiero a Hitman. Pero así va nuestra cartelera como ya constatábamos y denunciábamos el pasado día 31 en esta sección. Que estos films se impongan sobre otros de considerable entidad, que no nos llegan, demuestra lo que decía el extinto y genial Fernando Fernán Gómez: "Desgraciadamente, el público, el gran público, tiene un mal gusto muy acusado". Así nos va en esto como en tantas cosas.

Hitman es otro de esos 'cómics', más o menos famosos, que ha pasado a la pantalla, consecuencia de la falta de creatividad de los guionistas de Hollywood, que para colmo de males están en huelga. Se trata de un pistolero, un asesino muy peculiar, que acaba complicado en una conspiración política en el este de Europa. Poco más o menos ese modelo acuñado por los relatos gráficos cuando la literatura y más tarde el cine, abrieron sus páginas y sus pantallas a personajes creados artificialmente, mitad máquinas, mitad seres humanos o tal vez enteramente robots o combinaciones siniestramente inquietantes y perturbadoras de procedencia insondable y desconocida.

Una de esas criaturas primero en videojuego y ahora en imagen cinematográfica es este Agente 47, más conocido como Hitman, que dicho en su favor es uno de los mejores trasuntos que en este tipo de personajes se ha logrado en el cine, no sólo en su personalidad como tal sino como en su caracterización y con él algunos de los demás personajes de la historia. Pero poco más.

Estamos ante un tipo creado por ingeniería genética: un asesino duro e implacable, muy peculiar. Concebido para matar se ha convertido en un mercenario. Pero un día descubre que su propia agencia le ha tendido una trampa y entonces su actitud cambia por completo y a partir de ahí el relato cobra nuevas dimensiones donde todo entra en una espiral de acción y surgen todo tipo de delitos y perversiones, entre ellos falsos presidentes y colegas que te traicionan impunemente, contra los que Hitman ha de luchar inexorablemente.

Está claro que el objetivo de la película no va más allá del puro entretenimiento y del deseo de complacer a quienes disfrutan de este tipo de evasiones. No hay, realmente, más pretensiones ni objetivos más ambiciosos porque no los necesita ni los requiere. Nada nuevo y la evidencia de que cuanto hemos visto en otras películas del género se repite aquí con una sospechosa exactitud y precisión. En esta clase de planteamientos situaciones y personajes no son diferentes de lo que estamos acostumbrados a ver en una cinematografía donde la acción se desmanda y cobra espectacular y llamativo protagonismo. A lo mejor lo que se ve en este Hitman por parte de los habituales a estos sucedáneos del videojuego es un cierto alejamiento de algunos productos mediocres afines al género. Pero todo resulta previsible y ajeno a lo que se presume debe ser el cine.

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