Victoria Guzmán. Directora del Festival de Itálica

"La apuesta por las danzas urbanas acercará nuevos públicos a Itálica"

  • Llevar la danza a todos los colectivos y apoyar la creación andaluza en tiempos de crisis son algunos de los retos que asume la sucesora de Juan Antonio Maesso al frente de la cita.

A la nueva directora del Festival Internacional de Danza de Itálica, Victoria Guzmán Espinosa, le parece un "reto" programar esta cita o cualquier otra propuesta cultural "con el horizonte de recortes que enfrentamos". Tener un menor presupuesto, en su caso 500.000 euros (50.000 menos que en la anterior edición), ha conllevado "un mayor esfuerzo por parte del equipo pero en ningún caso ha supuesto una merma de calidad en la programación". Guzmán se ha planteado esta edición como "un momento de inflexión" para tener la perspectiva y el tiempo suficiente para "abordar nuevos retos, reinventarse, buscar y trazar el camino adecuado para los próximos años". Un hiato que además le ha permitido rendir un homenaje a la trayectoria del festival, que para ella no es nuevo en absoluto porque llevaba muchos años trabajando codo a codo con Juan Antonio Maesso, el único director artístico de la cita desde sus inicios.

Esa mirada retrospectiva está presente en muchos espectáculos del festival, que se desarrolla hasta el domingo 19 en sus dos sedes del Teatro Romano de Itálica y el Monasterio de San Isidoro del Campo. Quizá la prueba más evidente de este espíritu ha sido la propuesta que la primera estrella del Ballet de Munich y Premio Nacional, Lucía Lacarra, ofreció la semana pasada junto a sus compañeros en Danza en cuerpo y alma, un merecido tributo a Víctor Ullate, "figura esencial y reincidente en la historia de Itálica", a decir de Guzmán.

Muchos cambios se han producido en el panorama de las artes escénicas andaluzas desde que en los años 80 surgiera este festival en el conjunto arqueológico de Itálica, del que tuvo que peregrinar por problemas económicos y de conservación del espacio para cobijarse en diferentes auditorios de la capital andaluza. En 2011 volvió al Teatro Romano -no así al anfiteatro, cuya adecuación escénica tiene un coste que la Diputación considera, por el momento, inasumible-. En 2013, además, se estrenó como sede el Monasterio de San Isidoro del Campo, que Guzmán se ha encargado de potenciar en esta edición alojando allí tres de los espectáculos a priori más interesantes de un cartel que incluye hasta siete estrenos absolutos: El vuelo de Irene Cantero, Doce Tiempos de Bruno Axel -que tendrá esta noche su puesta de largo- y el solo que Fernando Romero ha concebido a propósito del Pierrot Lunaire de Arnold Schoenberg, que se representará en el escenario para 120 espectadores habilitado en el histórico edificio la semana que viene (martes 14 y jueves 16).

"San Isidoro del Campo arrancó en la edición pasada con Guillermo Weickert y su Lirio entre espinas como laboratorio de creación, de búsqueda de nuevos caminos. Queremos seguir explorando y consolidando ese espacio para que sea la referencia del compromiso del festival con las propuestas más vanguardistas y multidisciplinares. Por la realidad económica en que nos movemos ahora no es posible incorporar un tercer espacio al proyecto", reflexiona la directora artística, que cree que "Itálica sigue manteniendo el sitio que conquistó hace tres décadas pero ha de redefinir su posición en el nuevo mapa de festivales creado en España en los últimos años, donde hay otros espacios arqueológicos que han incorporado la danza a sus programaciones. Pero no creo que eso sea un hándicap, sino una oportunidad. Cuantos más festivales y más representaciones escénicas haya, mejor le irá a la danza y a la cultura".

Repasando la historia del festival, Victoria Guzmán es consciente del peso que tuvieron en sus comienzos las más prestigiosas compañías internacionales a la hora de posicionarlo en el contexto europeo. "Itálica fue el primer festival de danza que trajo a Sevilla a los grandes ballet y compañías. Ahora, sin embargo, hay otras opciones para ver esas formaciones en la capital andaluza, como el Teatro de la Maestranza y el Teatro Central. Así que hay que contar con ellos para redefinir el papel que jugarán los grandes ballets en el futuro de Itálica. Me interesa mucho abrir el festival a los más jóvenes, atraer nuevos públicos y seguir tendiendo puentes a la creación andaluza".

En Itálica el baile flamenco también tiene su espacio aunque como una disciplina coreográfica más y ese protagonismo no parece que vaya a crecer en la nueva etapa. "Además de la oportunidad de volver a mostrar Flacomen de Israel Galván mañana en el Teatro Romano, que es un proyecto muy interesante que regresa a Sevilla tras cosechar numerosos premios, la bailaora Patricia Guerrero lleva su baile flamenco a San Jerónimo pero porque está integrado en ese proyecto musical y coreográfico híbrido que plantea Bruno Axel".

Como directora técnica de artes escénicas de la Diputación, Guzmán ha tenido ocasión en los últimos años de conocer el trabajo de las compañías de la zona. Entre las premisas que marcaron su quehacer, recalca, "destacaron siempre la calidad de la programación, el atraer y formar a nuevos públicos y el compromiso con la danza, que siempre formó parte de los circuitos que he diseñado".

Esa apuesta por el público se evidenciará con la inclusión en la programación del Teatro Romano de las danzas urbanas, "una realidad potentísima que mueve a un público que no suele acercarse a la danza que se representa en grandes teatros. Los bailarines de hip hop tienen sus propios circuitos y canales; integrar un espectáculo como Obsolescencia programada del coreógrafo sevillano Gsus Villaú nos puede permitir ganar ese público para el resto de estilos", reflexiona.

Sobre la programación que resta hasta la clausura, resalta la participación de la colombiana Elsa Valbuena con Impronta en sus ojos, "exponente del gran momento que vive la danza en ese país, que tiene incluso una Bienal de Danza y cuenta con gran apoyo oficial"; las danzas urbanas de Villaú, "que acercarán el talento de un coreógrafo local que trabaja habitualmente en el extranjero y con un equipo de bailarines sin fronteras, de Barcelona a Londres pasando por Canadá y Eslovenia", así como la clausura de Philippe Decouflé, "que ofrecerá en Panorama un recorrido por todos sus espectáculos con esa mirada suya amable que busca el placer y la sonrisa del público. Será una manera feliz de cerrar esta edición".

Y por supuesto, incide, "hay que estar muy atentos al Pierrot Lunaire que presenta Fernando Romero, artista muy presente en la historia de Itálica y que programamos en San Isidoro porque el espacio del monasterio conecta muy bien con el carácter místico de un maestro como él que aquí puede arriesgar y mostrar en libertad todas sus inquietudes". El trabajo de Romero apuesta además por la abstracción como el cartel azul de Juan Carlos López que pone imagen a esta edición. "En el arte abstracto son esenciales la medida y ritmo, nada es fruto del azar o la improvisación, y en eso tiene mucho que ver con la danza", concluye Guzmán.

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