Última entrega de Midnight in Paris

Woody Allen de medianoche

La subjetividad es parte inevitable del pensamiento propio. Pero para el actor, guionista y director de cine Woody Allen (Nueva York, 1935), sus ideas y propuestas cinematográficas son parte ejemplar de muchos de sus seguidores. Hay quien dice que es el paradigma del artista supervalorado por unos o bien desterrado por otros, es decir, que si hiciéramos oídos a lo que el público valora de él, o lo amaríamos o lo odiaríamos.

No puedo ocultarlo, mi estima hacia esta persona a nivel profesional está tan cercana como mi amor hacia el séptimo arte. Creo que es de los directores que son historia antes de terminar su carrera, y que cada una de sus películas son increíbles obras de arte. No se le puede poner ni una coma a una trayectoria tan impresionante a nivel cuantitativo y cualitativo. Cada diálogo, cada tiro de cámara, cada sonido o cada luz, están métricamente calculados. No hay nada improvisado y todo tiene una perfecta intención.

Ganador de varios Oscar, Globos de Oro, e infinidad de grandes premios -entre los que tiene un Goya, por Match Point-, ha llevado a cabo una carrera de más de cuarenta films que ha dirigido, en muchas de ellas ha aparecido como actor, libros y guiones, y ha participado exclusivamente como actor en otras películas. Cualquiera de sus trabajos tiene un propósito claro y conciso, y los argumentos, aún siendo ciertamente variopintos, muestran la cara más humana de una persona preocupada por las más internas elucubraciones que cualquier persona, con ciertos criterios filosóficos, pueda atesorar.

Ese creo que es el mayor de sus detractores: que no lo entienden. En otros casos, la enemistad por cualquier cuestión que nos haga pensar, o bien que no sea un chiste fácil tampoco le hace muchos favores a un cine con objetivos claros y cierta seriedad. Toda una vida dedicada a hacer de este arte, todo un verdadero cumulo de emociones e ilusiones, deseos y esperanza. Siempre se ha rodeado de grandes y enormes profesionales, siendo capaz de sacar de ellos lo máximo, incluso de algunos donde hay muy poco que rascar.

Enamorado de Europa, ha hecho de París, Venecia o Londres, grandes escenarios de sus producciones. Pero indudablemente, el sitio de los sitios es su ciudad natal y sobre todo la isla de Manhattan. No existe nadie que haya enseñado mejor las virtudes y las luminiscencias de la ciudad de los rascacielos, mostrando la belleza de una ciudad, tal y como la describe en su última cinta "más grande que una sinfonía, una escultura, o una pintura".

Las pocas sombras que ha enseñado se deben a sus tormentosas relaciones con el sexo femenino, que ha mostrado en infinidad de trabajos y ha derivado en presentaciones de sus musas y deidades en la gran pantalla. Pero no se le puede negar la impresionante interpretación que hace de las difíciles y laboriosas relaciones sociales.

Esta última entrega de su memorándum Midnight in Paris, revuelve de nuevo la tuerca de su genialidad. Recomendación que no puede pasarse por alto a todos aquellos que aman el arte sin aditivos. No le hacen falta ni efectos especiales, ni nada de nuevas tecnologías. Sólo buena música, grandes actores y una buena escena; en este caso, de noche y a veces, bajo la preciosa lluvia parisina.

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