Terror en el suburbano

Multicines La Dehesa Islantilla, CineBox Aqualon Puerto Huelva, Cineápolis Lepe, El Condado Cinemas 7 y Al Andalus Ayamonte y Punta Umbría.- T.O.: "The taking of Pelham 123".- Producción: Estados Unidos y Reino Unido, 2009.- Duración: 107 minutos.- Dirección: Tony Scott.- Guión: Brian Higeland basado en la novela de John Godey.- Fotografía: Tobias Schliesser.- Música: Harry Gregson Williams.- Montaje: Chris Lebenzon.- Intérpretes: Denzel Washington, John Travolta, John Turturro, Luis Guzmán, Michael Rispoli, James Gandolfini, Ramón Rodríguez.

Canal Sur tuvo el acierto de emitir el domingo pasado, día 26, a dos días del estreno de la película que hoy nos ocupa, la versión que en 1974 realizara Joseph Sargent, que, si mal no recuerdo yo vi en el Gran Teatro cuando ofrecía sesiones diarias de cine en una muy digna programación. Tony Scott, a una gran distancia de su hermano Ridley Scott, que es quien suele hacer mejores películas, no ha podido mejorar ni tampoco igualar, el film de Sargent, imaginativo, de un dinamismo admirable y de unos rasgos humorísticos que suponían un contrapunto digno de recordar. Es inevitable comparar cuando uno no puede menos de recodar el antecedente, que si ahora se renueva es, sobre todo, porque siempre se quiere volver sobre un éxito memorable. Éste es el aspecto más sobresaliente de la película que hoy nos ocupa.

Asalto al tren Pelham 123 repite el argumento usado por Joseph Sargent, que, recordemos, era en su tiempo un gran experto en la realización televisiva y se reveló como un hábil director. Se nos cuenta entonces como un criminal sin escrúpulos, un tipo impresentable en todos los aspectos, y su banda fuertemente armada, secuestran un vagón del metro de Nueva York con un importante número de pasajeros. Anuncia a los directivos de la empresa metropolitana que irá matando a los rehenes si no le entregan diez millones de dólares antes de una hora. Su interlocutor es un hábil conocedor de los túneles, ya que empezó conduciendo trenes hasta convertirse en un destacado ejecutivo de la compañía. Con la colaboración del jefe de negociaciones con terroristas de la policía, hará todo lo posible para frustrar los propósitos asesinos del grupo asaltante.

Es evidente que Tony Scott ha hecho todo lo posible por seguir más de cerca la novela de John Godey, en lo que se distingue de su precedente, pero con toda su espectacular recreación del escenario de la historia, en el ámbito tenebroso y electrizante del suburbano neoyorkino, donde se rodó la película en el interior de los intrincados túneles de Manhattan. Pero en este contexto el realizador ha intentado remitir exclusivamente al espectador a la intriga de la propia trama, a la incertidumbre que crea esta aventura desorbitada en la que unos desalmados se ven metidos en un objetivo más bien imposible. En este sentido esa es la única fórmula que mantiene la atención del espectador. Pero carece de elementos más poderosos para concitar mayor fuerza en el relato y suscitar más emoción, más motivos para introducirse en la dinámica de los acontecimientos.

En este sentido, Tony Scott ha asumido la historia menos desde el punto de vista de un duelo psicológico y una trama de mayor profundidad anímica, para convertirlo en un espectáculo más llevadero para el público fácil y conformista de nuestro tiempo. Lo reduce a un esquema donde los elementos personales protagonistas parecen lo más atrayente del conjunto. Por un lado un Denzel Washington que vuelve a la feliz expresión de sus dotes emocionales y físicas más convincentes y por otro a un John Travolta, grotesco y estereotipado en su personaje de malvado, junto a un John Turturro que no está en la línea de sus mejores actuaciones tantas veces aplaudidas. Es aquí donde el film de Tony Scott pierde más enteros con respecto al de Joseph Sargent, que contaba en ese protagonismo decisivo con tres valores memorables: Walter Matthau, Robert Shaw y Martin Balsam, nada que ver con los que aquí tenemos. Estamos ante una visión mucho más simplista y mucho menos exigente. Entretenido y espectacular simplemente.

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