Tarteso existió

  • Es la conclusión del manifiesto del I Congreso Internacional Tarteso, el emporio del metal · Rechaza el carácter de territorio legendario para convertirlo en una propiedad colectiva

Tarteso existió. Esta es la conclusión más clara a la que ha llegado el I Congreso Internacional Tarteso, el Emporio del Metal, celebrado el pasado mes de diciembre en Huelva, como refleja en el Manifiesto por Tarteso que se hizo público ayer. Es una afirmación categórica sobre la existencia de este legendario pueblo y que lo avalan los intensos debates del congreso celebrados en la Universidad de Huelva con el objeto de desnudar la mítica civilización de Tarteso y desvelar su origen, hasta la fecha más cerca del mito que de la realidad. Organizado por la UHU, Tierra Creativa y la Caja Rural del Sur, con el apoyo de Atlantic Cooper, Petaquilla, Matsa y Emed Tartessus.

El manifiesto comienza con una reivindicación, destacando que España no se puede permitir renunciar a una parte de su patrimonio cultural, e indica que Tarteso no ha trascendido suficientemente los límites del conocimiento experto. Un vacío ocupado "de forma muy irregular por el imaginario colectivo que, a falta de datos de realidad, los suple con fantasías carentes de valor en la mayor parte de los casos". Insta a los investigadores a transmitir el conocimiento adquirido, las diferentes posiciones y las razones que apoyan sus criterios, "para que Tarteso deje de ser un territorio dominado por lo legendario y se convierta definitivamente en una propiedad colectiva". El manifiesto reconoce que no puede haber acuerdo entre los especialistas sobre la totalidad de los aspectos concernientes a Tarteso. Sin embargo, "es imperativo establecer las características generales que conciten acuerdo para marcar los fundamentos de la cultura tartésica". Pero también ve necesario enunciar los aspectos controvertidos, destacando la posición más verosímil, sus dificultades y alternativas.

En primer lugar, fija el nombre. En castellano se considera la forma correcta Tarteso; el territorio, Tartéside; sus habitantes, los tartesios. Lo más importante es definir qué es Tarteso. En esto el manifiesto lo sitúa "en la cultura del suroeste peninsular, confluyente con la presencia colonial fenicia, hechos que eclosionan en la brillantez y riqueza a las que aluden las fuentes literarias griegas con el nombre de Tarteso y, tal vez, alguna mención en las bíblicas".

El manifiesto recoge que los testimonios arqueológicos dan cuenta de una gran diversidad demográfica en la citada confluencia: centros o asentamientos de directa creación colonial, a los que se incorporan contingentes autóctonos; o centros preexistentes de tradición precolonial al que se incorporan los colonos semitas con resultados, en la generalidad de los casos, de formaciones sociales de comunidades yuxtapuestas o híbridas en las que se documenta el uso de lenguas diversas. "Allí -revela- se decanta lo que se entiende por Tarteso, donde la influencia helénica, más o menos antigua, se intensifica en el último tercio del siglo VII. La aportación etnocultural indoeuropea se considera importante. Estos fenómenos, que tienen su desarrollo histórico en tiempos que remontan al siglo IX a.C., experimentan un amplio desarrollo en las centurias siguientes, fundamentalmente en los siglos VIII, VII a.C".

Todo lleva a Tarteso a situarlo en su periodo de esplendor (750-550) un territorio articulado en unidades políticas independientes al modo de ciudades-estado. Aun cuando no se puede identificar con certeza esas ciudades, se pueden sugerir de oeste a este Onuba (Huelva), Ilipla (Niebla), Spal (Sevilla), Asta Regia, Carmo (Carmona) y quizás más al este Corduba (Córdoba) o Ategua. Este espacio coincide con lo que tradiconalmente se ha considerado el Tarteso nuclear, desechando la idea de un territorio político unificado desde el Algarve hasta Cartagena.

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