Sentimentalismo a raudales

CineBox Aqualon Puerto Huelva, CineVip Lepe, El Condado Cinemas 7 y Al Andalus Punta Umbría.- T. O.: 'War horse'.- Producción: Estados Unidos, 2011.- Duración: 148 minutos.- Dirección: Steven Spielberg.- Guión: Lee Hall y Richard Curtis basado en la novela de Michael Morpurgo.- Fotografía: Janusz Kaminski.- Música: John Williams.- Montaje: Michael Kahn.- Intérpretes: Jeremy Irvine, David Thewlis, Emily Watson, Toby Kebbell, David Kross, Peter Mullan, Niels Arestrup, Eddie Marsan

El cine de Steven Spielberg con esa inefable maestría para mover los mecanismos que conmuevan el espíritu confiado de la mayoría de los espectadores, incide una vez más en ese estilo que viene caracterizando sus últimas realizaciones, que no son más que una vuelta a sus intenciones de siempre: la caramelizada infantilización de una cinematografía que conquiste a todos los públicos y a todas las taquillas. Y todo ello con un sentimentalismo melodramático que, comulgando con los clásicos del género, en algunos casos con más acentuadas dosis de esa fórmula, sea capaz de estremecer a los espectadores hasta la lágrima.

Basándose en la novela juvenil de Michael Morpurgo, publicada en 1982, nos presenta esta excesivamente larga historia, emotiva exaltación de la amistad entre un caballo llamado Joey y el joven Albert, separados por la Primera Guerra Mundial. El propietario, padre del muchacho, el granjero Ted, que no ha podido hacer frente a sus muchas deudas, lo vende a la caballería del ejército británico para combatir en el frente. El equino en la guerra pasa de mano en mano, entre penosas vicisitudes. Albert no es capaz de olvidar al animal y abandona su hogar con el irrenunciable empeño de incorporarse a las fuerzas que luchan en los campos de batalla con la certidumbre de que allí encontrará a su caballo y podrá volver con él a su casa. Con un importante número de prestigiosos actores británicos, el espléndido trabajo en el diseño de producción de Rick Carter, la magnífica labor de su fotógrafo habitual, Janusz Kaminski, y la música de John Williams, que tanto se identifica con los conceptos de su director, Steven Spielberg ha vuelto a la inmensidad de los grandes escenarios bélicos que nos recuerdan a otra de sus películas más espectaculares y dramáticas, Salvar al soldado Ryan (1998). Embebido en la magia de narrar historias que le gustaban de niño, nos reencuentra con su cine-espectáculo pero también épico, llamativo y cargado de un sentimentalismo a raudales, convencido de que en un mundo de deshumanización creciente estas historias devuelven al espectador a sus sentimientos más íntimos, conmovedores y arraigados.

El caballo es entonces el elemento primordial que el realizador utiliza como una especie de talismán reconciliador en un relato que exalta la amistad, como tantos otros en su filmografía, y a la vez supone un tierno pero firme alegato contra la guerra. En el contexto de una realización clásica, que recuerda a John Ford, maestro de tantos directores lo reconozcan o no, hay secuencias espectaculares y bellísimas entre otras más anodinas y prescindibles con toda su sobrecarga melodramática.

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