Fila siete

Reflexiones morales

Como es lógico una de las películas que más polémicas o controversias ha generado en los últimos días es la ganadora del 'Oscar', con cuatro galardones, 'No es país para viejos'. Las razones son muy diversas. Mientras muchos la han comparado con otros dos grandes títulos de estos mismos realizadores, Ethan y Joel Coen, 'Sangre fácil' (1982) y 'Fargo' (1995), lo que nos llevaría a un análisis que, tal vez, no encontraría suficientes coincidencias para esta equiparación, otros han calificado este hipnótico relato de intriga y violencia, a partir de la estupenda novela de Cormac McCarthy, como una clara muestra de la fuerza e intensidad narrativa y visual que siempre ha caracterizado a estos directores.

De aquí que lo que se iniciara hace ya veinte años como una clara referencia a ese cine independiente, popularmente conocido como 'indie', ha confirmado el reconocimiento de jóvenes valores, los 'outsiders', esos creadores, esos artistas que han trabajado a lo largo de su ejecutoria en una industria a veces un tanto marginal que sitúa el cine fuera de las influencias del 'stablishmen'. Con el tiempo el cine de los Coen se emplaza en los parámetros de la gran producción de Hollywood sin concesiones a la comercialidad y manteniendo toda su personalidad. Ello se comprueba una vez más en 'No es país para viejos'.

Sin la brillantez narrativa de un título inefable como 'Muerte entre las flores' (1990), o 'Barton Fink' (1991), inquietante y sarcástica en la mejor definición del cine de estos hermanos, o 'O Brother!' (2000), conmovedor y divertido documento sobre el profundo sur norteamericano, si hemos de citar títulos más sobresalientes en una filmografía brillante y singular, 'No es país para viejos', de la que se ha hablado en España sobre todo por el 'Oscar' de Javier Bardem, encarnando a un brutal, frío y despiadado asesino a sueldo, supone una reflexión moral a través del personaje del pertinaz 'sheriff' que protagoniza Tommy Lee Jones, siempre al acecho del psicópata criminal que encarna Bardem, en la línea de los 'thrillers' más obsesivos de la historia del cine.

Un autor de culto como es Cormac McCarthy, le ponía con su novela muy fáciles las cosas a los Coen, pero sin el arrebato visual de estos, no hubiera sido posible trasladar a las imágenes tanto brío narrativo ni el intenso contenido de sus páginas. Esas reflexiones morales a las que aludía se mueven en la configuración realista de sus personajes, el viejo 'sheriff', el implacable asesino y el desesperado superviviente que interpreta, magníficamente por cierto, Josh Brolin, más el implante estético del tenso relato en una atmósfera de 'western' urbano, donde los planos, los encuadres, la concepción del ritmo narrativo, algún guiño humorístico y la puesta en escena, entrañan esa demoledora capacidad visual que es la mejor virtud de tan personales realizadores, que son a su vez productores, guionistas y montadores con el seudónimo ya habitual de Roderick Jaynes.

Es cierto que el cine de los hermanos Coen no es el más indicado para ciertos gustos y sensibilidades, sobre todo para quienes no los conocen bien y se han sentido curiosos por la obtención de los 'Oscar'. Si algo puede achacárseles en este caso es una cierta frialdad, pero no es posible ignorar una sólida factura cinematográfica, una madurez muy convincente y un estilo que les hace inconfundibles en un entorno fílmico donde no abundan precisamente creadores tan inteligentes e imaginativos.

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