Poder y placer del vicio solitario

  • Las fotos de Kertész sobre la lectura sorprenden por su falta de énfasis

Dejando aparte las figuraciones eruditas o devocionales, la iconografía de la lectura ha estado asociada a obras de pintores como Boucher, Fragonard o Fantin-Latour que recrearon ámbitos privados, desde una perspectiva reveladora de los usos de la burguesía o la aristocracia. Frente a esta visión un tanto delicuescente, la mirada contemporánea aportó enfoques que escapaban al marco doméstico y entre ellos destaca el del fotógrafo André Kertéz, hijo de librero e interesado desde sus inicios por el sortilegio de la letra impresa. Célebre por sus desnudos distorsionados, el autor húngaro podría considerarse como un precursor del fotoensayo en tanto que artífice de series temáticas que no se limitan a mostrar, sino que elaboran, a partir de materiales insólitos, un discurso visual de evidente carga reflexiva.

Las imágenes que conforman On Reading (1971), el ya clásico trabajo de Kertész sobre la lectura, abarcan más de medio siglo (1915-1970) y los lugares que definen su biografía itinerante: Hungría, París y Nueva York, a los que se suman otros relacionados con sus viajes como fotoperiodista. Las enseñanzas del oficio, unidas al influjo de las vanguardias, marcan, como afirma Alberto Manguel, el trabajo de un artista que del mismo modo que sus colegas y compatriotas Brassaï o Robert Capa emigró a Francia en los años veinte, donde empezaría a labrarse, antes del segundo exilio a los Estados Unidos, su prestigio internacional. Aparecido al final de una trayectoria tan dilatada como fecunda, Leer celebra -en palabras del custodio del legado de Kertész, Robert Gurbo- "el poder y el placer" de este otro vicio solitario.

Para el espectador no especialista, lo más llamativo de la colección es su falta de énfasis, muy alejada del manierismo -de las poses o los posados- de los modelos tradicionales. La foto más antigua, que retrata a tres niños desharrapados, es del tiempo de la Gran Guerra, en la que Kertész participó como soldado. Las más recientes muestran a estudiantes en Washington Square o retratos, muy característicos, de lectores anónimos en las azoteas de Greenwich Village. Son personajes nada prestigiosos y de hecho muchos de ellos leen no libros sino periódicos. Hay algunos retratos de interiores, como el espléndido de carnaval que ilustra la cubierta, los tomados en conventos o bibliotecas o el no menos maravilloso de la anciana en el hospicio, pero la mayoría de ellos está localizada al aire libre, en parques o terrazas, en balcones o calles vacías o atestadas, como si el autor quisiera confrontar los escenarios públicos con lo que la lectura tiene de acto íntimo. Libres de veleidades esteticistas, las instantáneas de Kertész tienen el halo entre misterioso y cotidiano de la gran poesía.

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