Guillaume Kientz. Conservador de pintura española del Museo del Louvre

"Murillo es tan moderno que resiste bien la comparación con Velázquez"

  • Comisario de la única antológica de Velázquez celebrada hasta la fecha en Francia, trabaja ahora en la atribución de un 'murillo' desconocido que cuelga en una iglesia de Lannion.

Guillaume Kientz (Estrasburgo, 1980) en la muestra de la Fundación Focus ante 'El joven mendigo' del Louvre. Guillaume Kientz (Estrasburgo, 1980) en la muestra de la Fundación Focus ante 'El joven mendigo' del Louvre.

Guillaume Kientz (Estrasburgo, 1980) en la muestra de la Fundación Focus ante 'El joven mendigo' del Louvre. / antonio pizarro

Antes de avanzar dejémoslo claro: este joven tiene a su cargo una de las colecciones de pintura española más importantes del mundo, la del Louvre, donde cuelgan, al final de la Grande Galerie, algunas cumbres del arte patrio. Guillaume Kientz trae ahora El joven mendigo al Hospital de los Venerables de Sevilla, donde formó un importante revuelo hace meses al atribuir a Velázquez un cuadro del almacén del Museo de Bellas Artes. Su último hallazgo, asegura, es un San Juan de Murillo que permanecía oculto en una iglesia de una localidad próxima a París.

-¿Qué aporta, a su juicio, la exposición Velázquez. Murillo. Sevilla?

-Ambos artistas son extremadamente modernos. De un lado, Velázquez pinta 30 años antes que Murillo, pero sus cuadros no parecen atrasados. Más bien todo lo contrario. Y, por otro lado, la obra de Murillo aguanta bien el poderío de Velázquez. Por decirlo a las claras, Velázquez no mata a Murillo. Y Murillo no se deja matar por Velázquez. Son como dos grandes divas de la ópera que cantan por una vez sobre el mismo escenario.

-¿Tiene el Louvre muchas peticiones para el préstamo de obras con motivo del Año Murillo?

-Ya hemos hablado con el Bellas Artes de Sevilla y sabemos qué necesitan. Ahora nos toca decidir si las obras pueden viajar, bien porque existan compromisos previos para su cesión a otra institución o porque su estado de conservación no sea el más adecuado, como es el caso de La cocina de los ángeles. Este lienzo no está entre los solicitados, pero es imposible su traslado porque presenta un estado muy delicado de conservación. Sí hemos prestado hace poco el Fray Junípero y el pobre para la exposición El Siglo de Oro en Berlín y, por ejemplo, la Sagrada Familia es un cuadro que ha viajado poco. Tendría que ver en qué estado se halla porque está colgado en el Louvre desde hace más de 20 años...

-Con todo, la idea del Louvre es atender la demanda de Sevilla.

-Es nuestra responsabilidad, claro. Es importante apoyar una iniciativa así en la ciudad natal de Murillo. Ya le hemos cedido El joven mendigo a la Fundación Focus para esta cita y seguro que habrá otros en un futuro.

-¿A qué debe aspirar, según su opinión, el Año Murillo?

-Es una ocasión magnífica para apartar de una vez muchos de los prejuicios que hay sobre Murillo, a menudo considerado un pintor excesivamente sentimental. Pero ya se ve que no es así. Hay pocos artistas que se puedan exponer al lado de Velázquez sin que sus obras parezcan menores. Es hora de reconocer su calidad y sus aportaciones inmensas al mundo del arte. Si se hace bien, creo que este centenario puede fijar cómo veremos a Murillo en el siglo XXI.

-¿Cómo se valora a Murillo en Francia en la actualidad?

-Murillo es un artista que siempre ha gustado mucho a los franceses. Hay que recordar que, por ejemplo, Luis XVI desembolsó en 1782 una importante cantidad de dinero para hacerse con El joven mendigo. Y aún sigue gustando, lógicamente. Para comprobarlo basta ver al público que se acerca a sus lienzos en el Louvre. Personalmente, no es mi pintor favorito, pero es un genio. Te das cuenta de ello cuando te detienes a ver los detalles, la pincelada, la técnica increíble...

-Hasta la fecha, una de las noticias más sorprendentes en este arranque del Año Murillo es la atribución al pintor de un San Juan que se halla en una iglesia francesa. ¿Está convencido de que es obra suya?

-Sí, lo creo. Este lienzo, que está en la iglesia de Saint-Jean-Du-Baly en Lannion [municipio de la región de Bretaña], lo conozco de momento sólo por fotografías, pero me parece que indudablemente es obra de Murillo, quien posiblemente lo pintó hacia 1655. Yo conocía en el mercado otra versión de este mismo tema, también de Murillo, pero el cuadro de Lannion es interesantísimo. Este San Juan Evangelista en Patmos sería un tema excelente para el simposio científico que se prepara con motivo del Año Murillo.

-¿No tiene dudas?

-A mí me parece un murillo obvio. Mire, hoy en día, el tema de la pintura española en Francia no es tanto un tema de museos como de iglesias. No es extraño que los soldados napoleónicos se llevaran cuadros que, con el tiempo, han acabado colgados en las paredes de los templos. Sus familias, quizás, pasados los años, los donaron por devoción o por agradecimiento. Lo más importante hoy es que se localicen y se les dé difusión.

-¿Conoce usted más ejemplos?

-Gracias a las indicaciones de Ignacio Cano, conservador del Bellas Artes de Sevilla, se va a poner en valor la Adoración de los pastores de Roelas, que se encuentra en la iglesia de Saint Martin de Favières en Brise, una localidad próxima a París. Aquí no hay dudas, puesto que sabemos que se trata de una de las obras que se llevó el mariscal Soult de Sevilla. También me han pedido opinión sobre un Santo Domingo que podría ser de Zurbarán o de su taller, que se halla en Saint Ouen l'Aumône.

-Pues menudo revuelo causó usted con su propuesta de atribuir a Velázquez el San Francisco de Asís que el Bellas Artes de Sevilla recuperó para la exposición dedicada a Pacheco…

-En su día dije lo que creía y, además, lo argumenté. En mi opinión, se trata de un cuadro de Velázquez, posiblemente fundamental para entender qué relación mantuvo el discípulo con Pacheco. Y además dejé bien claro que en este hallazgo fue fundamental el trabajo realizado por el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

-¿Usted se reafirma en la autoría velazqueña del San Francisco?

-No tengo ninguna duda. Atribuir un cuadro a Velázquez no es una cosa ligera. Hay un montón de cuadros sobre los que tengo ideas de atribución, pero no lo he confirmado. En este caso, es una obra de Velázquez. Quizás hay quien opina lo contrario. El mundo del arte no es una ciencia pura. A mí me hubiese encantado hallar un velázquez en los almacenes del Louvre, que no posee ninguno, pero lo vi en Sevilla.

-¿Sabe usted que el cuadro, a día de hoy, no puede verse?

-Sé cómo funcionan los museos y, a veces, es difícil seleccionar entre tantas obras. Por ejemplo, ahora, con motivo de la exposición Los objetos hablan, han tenido que retirar las obras de algunas salas. Seguro que no está colgado por buenas razones. Sí sería un grave error olvidarlo y que, dentro de 10 o 20 años, estemos igual que hoy. Lo importante es seguir estudiándolo. Por ejemplo, este San Francisco de Asís con el crucifijo perteneció, con toda probabilidad, a un conjunto que sería importante localizar. Hay que investigar en los archivos para saber de dónde procede. Si encontramos los cuadros, podremos saber si es un velázquez joven o un pacheco de una calidad sobresaliente. De una forma u otra, es una obra maestra.

-Usted fue el comisario de la primera antológica de Velázquez en París. ¿Se plantea algo similar con Murillo?

-Por qué no. Claro que sí. No está aún programada, pero, claramente, vamos a hacer una exposición de Murillo en el Louvre. A lo mejor, la idea de la muestra sale de las conclusiones del Año Murillo.

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