Mujeres atrapadas

Multicines La Dehesa Islantilla, CineVips Lepe, El Condado Cinemas 7 y Al Andalus Punta Umbría.- T.O.: 'Sorority Row'.- Producción: Estados Unidos, 2009.- Duración: 101 minutos.- Dirección: Stewart Hendler.- Guión: Josh Stolberg y Peter Goldfinger basado en el guión de Mark Rosman para la película 'Siete mujeres atrapadas'.- Fotografía: Ken Seng.- Música: Lucian Piane.- Montaje: Elliot Greenberg.- Intérpretes: Rumer Willis, Briana Evigan, Jamie Chung, Julian Morris, Leah Pipes, Audrina Patridge, Carrie Fisher.

La reiteración es obligada dada la monótona repetición de ejemplos en el cine actual. Ante la falta de originalidad, de ideas, de creatividad en suma, se recurre a las nuevas versiones, a las secuelas a las continuaciones o la simple imitación de viejos éxitos. Y para ello a sus artífices no les importa volver a películas de segundo orden como se hace aquí con este remake de Siete mujeres atrapadas, dirigida en 1983 por Mark Rosman. Todo ello para incidir en el gore más implacable en una historia de chicas malvadas, delitos sangrientos y el splatter más desaforado en el peor estilo de Roger Corman, que fue un digno realizador de estas tendencias.

Puede que algunos recuerden aquel argumento. Unas amigas estudiantes se han integrado en una hermandad. Se juran fidelidad, un total silencio sobre sus intenciones y actos y un espíritu de solidaridad para el grupo. En una fiesta, donde deciden gastarle una broma a un chico, las cosas se complican y una de las chicas acaba cruelmente asesinada. En lugar de denunciar el asesinato deciden guardar silencio y ocultar el cadáver. Ha pasado un año y durante una fiesta de graduación, las chicas empiezan a recibir unos vídeos en sus móviles sobre la fiesta en la que su amiga murió. Surgen de inmediato los interrogantes sobre el origen de los mensajes y se preguntan atemorizadas si se trata de una venganza.

Además de evocar la película de marras, los que la vieron, serán muchos los que se acuerden de inmediato de Sé lo que hicisteis el último verano (1997), de Jim Gillespie, y sus numerosas secuelas más o menos parecidas. Pero en el contexto de esta visión del asunto hay más parecidos y casi todos derivados de la fama y precedencia notable que representó en el moderno terror cinematográfico la inevitable Scream (1996), de Wes Craven con todas sus consecuencias. En suma es el más puro ejemplo del slasher que degenera muy pronto en ese subgénero del terror juvenil tan cultivado por el cine norteamericano de los últimos tiempos y al que se vuelve de una manera recalcitrante y a veces rentable.

Insisto en que en este afán de rememorar presuntos viejos éxitos no hay ni el menor escrúpulo, como es el caso, de reciclar un título para nada interesante y mucho menos digno de una nueva versión. En todo caso sirve para retratar ese ámbito desquiciado de high school, con chicas sin escrúpulos y aportar la novedad de la tecnología al uso: los teléfonos móviles, los vídeos y las concomitancias con ciertos giros que mezclan thriller y terror como piezas fundamentales de unas derivaciones truculentas o de intriga que puedan darle más salsa al guiso, de por sí artificioso con resabios de crítica social sin que ello influya demasiado en la clásica narrativa del género venido a menos. Bastante menos por cierto.

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