Isabel Coixet hace brillar a Juliette Binoche entre las nieves árticas

  • La Berlinale abre su 65 edición con 'Nadie quiere la noche', recibida con aplausos en el festival

Isabel Coixet tuvo ayer el honor de ser la primera cineasta española que inaugura la Berlinale, y lo hizo con un drama intimista enmarcado en el inhóspito Polo Norte y acompañada de una de las actrices más cautivadoras de la gran pantalla: Juliette Binoche.

La crítica recibió con un sonoro aplauso Nadie quiere la noche, la séptima película de Coixet en este certamen, al que asegura que debe "toda" su carrera. Y es que fue en la capital alemana donde en 1996 se dio a conocer internacionalmente con Cosas que nunca te dije, la primera de las varias películas que luego rodaría en inglés con actores de la talla de Sarah Polley, Tim Robbins, Ben Kingsley o Mark Ruffalo.

Y ahora, Juliette Binoche. "Cuando leí el guión de Miguel Barros pensé de inmediato que Josephine Peary era ella", dijo la catalana. Ambas se conocían desde hacía tiempo por un proyecto frustrado. "Sabía que si lo hacía se convertiría en una mujer de principios del XX, se movería como ella, bebería el té como ella... ". La película se rodó, dice, "a la española", durante cuatro años y muy lejos de las comodidades y la infraestructura que tendría un rodaje de Hollywood: "Íbamos con las motos de nieve y Juliette tenía una estufa con carbón... Y eso se lo ofreces a cualquier actriz de la lista A y te dice que no".

El caso es que Binoche tampoco lo dudó: "Cuando hablamos por teléfono, Isabel me dijo que si yo no la hacía, no habría película. Así que dije: ¡Wow, ok!, leeré el guión y te diré qué pienso", rememora la actriz, que considera a Coixet "como una pintora, pero con la cámara en la mano".

Nadie quiere la noche arranca entre aires de gran epopeya, con Binoche subida a un trineo tirado por media docena de perros con el que surca los sobrecogedores paisajes helados de Groenlandia. La trama se sitúa en 1908, cuando el explorador estadounidense Robert Peary está a punto de convertirse en el primer hombre en pisar el Polo Norte, y su mujer, Josephine, no quiere perdérselo. Para Coixet, la protagonista real de esta historia fue "una mujer antipática, soberbia y arrogante, que ama a su marido, pero que también quiere compartir la gloria y salir en la foto". Binoche la define como "apasionada" y con "algo de conquistadora". "Quiere demostrar al mundo que, como mujer, ella también puede hacerlo", añade. Aunque tendrá que pagar un precio muy alto por ello...

Y es que lejos de tratarse de un filme épico al uso, Nadie quiere la noche pronto adquiere ese tono intimista tan propio de Coixet. Empeñada en llegar junto a su marido, Peary se ve atrapada por el oscuro invierno polar, con la única compañía de una joven esquimal (la japonesa Rinko Kikuchi, presente ya en Mapa de los sonidos de Tokio) que cambiará por completo su forma de ver el mundo.

"Me gusta explorar las cosas que no conozco", confiesta la directora de Mi vida sin mí, que asegura que es "capaz hasta de decir algunos tacos en inuit". "La película habla de cómo Josephine se despoja de todas esas tonterías civilizadas para entender algo mucho más profundo y puro", explica. "Nadie la quiere, como dice el título, pero en ocasiones debemos sumergirnos en la noche para descubrir quiénes somos en realidad", apostilla Binoche.

Anoche, las dos pasearon por la alfombra roja frente al nevado Berlinale Palast acompañadas de Kikuchi y Gabriel Byrne, aunque Coixet asegura que ese "paripé" de tener que subirse a unos tacones no le divierte. "Para mí la magia está en el rodaje", afirma.

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