Infierno al volante

CineBox Aqualon Puerto Huelva, CineVip Lepe y Al Andalus Punta Umbría.- T.O.: 'Drive angry'.- Producción: Estados Unidos, 2011.- Duración: 104 minutos.- Dirección: Patrick Lussier.- Guión: Todd Farmer y Patrick Lussier.- Fotografía: Brian Pearson.- Música: Michael Wandmacher.- Montaje: Devin C. Lussier y Patrick Lussier.- Intérpretes: Nicolas Cage, Amber Heard, Billy Burke, William Fichtner, Christia Campbell, David Morse, Charlotte Ross, Todd Farmer, Katy Mixon

En esta dinámica imparable de las películas en tres dimensiones, obviamente los films donde los automóviles puedan depararnos carreras o persecuciones trepidantes, son espectáculo apetecido por los productores mientras dure el boom del 3D. Y a ello se apunta también Nicolas Cage, a quien hace poco veíamos en la película En tiempo de brujas (2010) y, desde hace ya bastante tiempo, comprobamos que se apunta a cualquier actuación. Por ello al actor, en tiempos con cierto prestigio y que gozaba de una justificada estimación, no nos extraña verle en este desopilante pretexto entre la acción, la fantasía y en ocasiones lo sobrenatural.

Y aquí lo tenemos protagonizando a John Milton, un delincuente prófugo sobre el que pesa el abandono de su única hija cuando era una adolescente Mantiene como propósito obsesivo vengar su muerte y recuperar a su nieta que ha caído en manos del jefe de una secta satánica y pretende sacrificarla en el curso de una noche de luna llena. Sólo dispone de tres días por delante e inicia a toda velocidad un viaje increíble y desesperado. Milton cuenta con la ayuda de Piper, una atractiva camarera que tiene un coche muy rápido y una especial contundencia para deshacerse de sus adversarios. Juntos al volante se dirigirán a ese infierno de superstición y violencia, tras la pista del malvado Jonah King.

La película, que no ha tenido una acogida muy favorable en los cines estadounidenses, cuenta con un a trama muy aceptable que resuelve con más oficio que acierto su realizador, el canadiense Patrick Lussier, con menos lucidez que lo hiciera en San Valentín sangriento (2009). Eso sí tenemos una buena aplicación de efectos especiales y un gran dinamismo en las secuencias de acción a veces con ritmo frenético, lo que puede acoger con muy favorable aceptación el sector del público al que suelen gustar estas cosas. Toda esa acción, tantas veces lapidaria, se adorna con un lenguaje soez, cutre, mal sonante y grosero, como aderezo de un argumento nada original y reiterativo hasta la saciedad, producto de una realización de escaso fuste, por no decir del todo irrelevante.

Un tanto mejor que lo vimos en la ya mencionada En tiempo de brujas, Nicolas Cage se limita a cumplir con el lote compuesto por cuatro películas contratadas para este año en curso y que, si juzgamos por las dos ya vistas, nada van a beneficiar su carrera maltrecha en los últimos tiempos y en las que no parecen interesarle más que sus pingües beneficios.

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