Fila siete

Historias caninas

Gran Teatro/Latitudes 2012.- T.O.: 'Bombón, el perro'.- Producción: Argentina y España, 2004.- Duración: 95 minutos.- Dirección: Carlos Sorín.- Guión: Carlos Sorín, Salvador Roselli y Santiago Calori basado en una idea original de Carlos Sorín.- Fotografía: Hugo Colace.- Música: Nicolás Sorín.- Montaje: Mohamed Rajid.- Intérpretes.- Juan Villegas, Walter Donado, Micol Estévez, Kita Ca, Pascual Condito, Claudina Fazzini, Carlos Rossi, Mariela Diaz, Rosa Valsecchi, Sabino Morales, Rolo Andrada

El 24 de noviembre del pasado año, con ocasión de la proyección en la Sección a Concurso del último Festival de Cine Iberoamericano de Hueva, de la película de Carlos Sorín El gato desaparece (2011), con buenos resultados en el palmarés del Certamen, titulábamos la crítica, Otra historia mínima. Y es que ésta había sido la denominación que el director argentino le dio a la tercera de sus películas Historias mínimas (2004), galardonada en diversos festivales. Entre otros premios el Goya a la mejor película de "habla hispana". Esa misma brevedad anecdótica caracteriza a Bombón, el perro (2004), que el martes pasado veíamos en este excelente ciclo de Cine Contemporáneo del Festival de Fotografía Latitudes 2012.

Este tipo de argumentos reducidos han hecho famoso a Sorín, realizador de un cine minimalista de relatos minúsculos a modo de miniaturas cinematográficas, una especie de género cultivado por un realizador de un peculiar estilismo o manierismo, si prefieren llamarlo así, como el que ha definido la obra del autor de La película del rey (1985), su opera prima con la que se reveló, presentada también en el Festival de Huelva y que logró bastante proyección posterior. En este caso son historias caninas.

Esta nueva historia mínima, perdonen la insistencia, nos presenta a un maduro mecánico, Juan Villegas, que tras trabajar en una estación de servicio de una solitaria ruta patagónica durante los últimos veinte años de su vida, se ha quedado sin trabajo. Empleado eventualmente en la reparación de un vehículo, la dueña le ofrece pagarle con un perro, un magnífico ejemplar de dogo argentino. Al principio se niega, pero acaba aceptando. Con el animal la vida de Juan comienza a cambiar y gracias a él consigue un puesto temporal como cuidador y exhibidor de perros de raza. No sólo empezará una feliz etapa en la vida del perro sino también en la propia existencia del protagonista. Hasta que ciertos instintos puedan cambiar el signo del relato.

Una puesta en escena realizada con toda sencillez, una ambientación ajustada a los medios naturales, los escenarios rurales donde transcurren los hechos, se adaptan exactamente a los planteamientos minimalistas del director y a la economía de medios que ello supone. Tan es así que la selección de personajes y con ellos sus intérpretes, no profesionales en la mayoría de los casos -como fue el propio Juan Villegas, empleado de un garaje cercano a la productora del propio Sorín-, resultan también identificados plenamente a los tipos, hechos y circunstancias.

En resumen, una visión de un ámbito recreado desde los sentimientos y la sensibilidad del director sin que ello suponga sentimentalismo alguno. En cuanto a esta frecuencia en la adicción en su filmografía a las llamadas "historias mínimas", ya vemos que es una inclinación irreprimible en Carlos Sorín para argumentos que, tal vez, en manos de otros no darían para tanto.

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