Fila siete

Existe el lado oscuro

En el colmo de la falta de imaginación, de inteligencia creativa y de simple originalidad, tan necesaria hoy en el cine, los guionistas de Hollywood, que, además, están en huelga, prefieren recurrir a las segundas versiones, los socorridos remakes, las secuelas y hasta las precuelas, como es el caso. Es decir el antecedente del personaje o de las circunstancias que motivaron sagas tan interminables como la de Halloween, que con ésta llega ¡a ocho!, que ya es decir. Lo tuvimos con el siniestro Hannibal Lecter el de El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme, que tuvo también secuela, y sigue el precedente esta otra serie iniciada en 1978 por John Carpenter.

Volvemos al lado oscuro que existe como se empeña en adelantarnos el trayler de la película en esta visión extrema del terror en la que Rob Zombie se reinventa la leyenda Halloween y nos presenta los principios de este famoso psicópata del cine llamado Michael Myers, en un voluntarioso intento de resucitar esta franquicia tan rentable y ya tan manida. No existe la excepción a la regla y si a veces se advierte una cierta potenciación del mito maléfico la verdad es que abundan los lugares comunes y los mimetismos de tan prolíficas secuelas como ha tenido esta historia. Una historia que, dicho sea de paso, comienza bien y con prometedores recursos de interés. Luego todo va perdiendo fuelle.

El relato se inicia con la infancia de Michael Myers y a los sucesos anteriores a la sangrienta masacre ocurrida en aquella espantosa noche de Halloween en la tranquila ciudad de Haddonfield, Illinois, tras la cual el perverso protagonista fue encerrado en el Smith Grove´s Sanitarium, un hospital psiquiátrico de máxima seguridad a cargo del prestigioso psicólogo, especialista en casos infantiles, Dr. Samuel Loomis, que parece ser la única persona que puede interpretar la malévola naturaleza del precoz psicópata. Pero diecisiete años después, consigue escaparse precisamente la noche de Halloween. Vuelve inexorablemente a Haddonfield y despliega de nuevo con toda crueldad sus más criminales instintos.

Rob Zombie, que ya nos puso la carne de gallina con La casa de los mil cadáveres (2003) y Los renegados del diablo (2005), viene a brindarnos, a veces con acierto, una especie de síntesis de todo cuanto han supuesto las innovaciones de terror que en los últimos tiempos nos ha ofrecido el cine de este género, siempre rentable y propicio en excesos, aunque aquí, también en reflexiones sobre ciertas psicopatías asesinas. Celebremos dos muy significativas actuaciones: las de Malcolm McDowell y Udo Kier.

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