Descubriendo a Max Aub

  • Cuadernos del Vigía culminará en 2012 la recuperación del escritor, emblema de los exilios del siglo XX, con la publicación de 'Manuscrito cuervo' y la esperada novela que no pudo finalizar, 'Luis Buñuel'

Sólo alguien que ha conocido tan de cerca la vida puede llorar y reírse de ella. Max Aub (París, 1903-México D.F. 1972) compuso en obras como El laberinto mágico y La gallina ciega el testimonio amargo de un tiempo en que España le dio la espalda a la moral. Es su cara más conocida. La que muestra a un autor que ha sufrido en sus propias carnes las vergüenzas de la dictadura y los horrores de la guerra. Pero Aub fue también un ávido bromista. Un escritor juguetón que supo reírse de sus propios miedos. La concienzuda revisión que la editorial Cuadernos del Vigía está haciendo de su obra devuelve al presente la personalidad completa de un hombre que supo dar en cada uno de sus escritos una clara lección de dignidad.

Con la colección Ediciones a la Carta, Cuadernos del Vigía se lanzaba en 2010 a una tarea tan difícil como necesaria: descubrir toda la riqueza de un autor como Max Aub. La editorial granadina eligió para empezar una joya literaria que en España nunca había visto la luz, Juego de cartas, donde podía leerse a un autor diametralmente distinto al conocido aquí. La labor continuó con Mucha muerte, que ha sido la segunda publicación dedicada a este autor, donde también recupera textos inéditos, todos ellos con el común denominador de la muerte.

En 2012 la editorial de Miguel Ángel Arcas culminará el empeño por rescatar su figura con la publicación de Manuscrito cuervo, un libro que creció a partir de una serie de notas apuntadas en el campo de concentración de Le Vernet d'Ariège,y la inconclusa Luis Buñuel, su novela más esperada, en la que Aub trabajó sus últimos años pero cuyo capítulo final no pudo terminar. La editorial lo reconstruirá gracias a los específicos detalles que dejó el escritor.

Para Arcas es fundamental recuperar en estos tiempos "de tanta debilidad y tanta dispersión ideológica y democrática a un autor que nunca se rindió". Siempre tuvo claro que cuando salió de España fue debido a un golpe de estado de los militares y que la dictadura duró demasiado tiempo. "Tuvo la oportunidad de regresar primero en el 69 para recoger datos y de ahí salió La gallina ciega, un relato desconsolado de la España de aquellos años. Luego volvió en el 72 para escribir su novela sobre Buñuel pero fue dándose cuenta de que nadie le reconocía, excepto sus amigos, y de que a su vez España estaba irreconocible". "Yo creo", dice Arcas, "que leerle nos sirve como ejemplo de un personaje que no se rindió. No sólo un escritor, sino una persona realmente auténtica y resistente frente a una moral que no hacía más que invertir los valores democráticos".

Para comprender cada uno de los puntos cardinales de su literatura es preciso saber que Aub fue un autor cuya identidad había ido multiplicándose a lo largo de sus muchos periplos. De padre alemán, madre francesa, bachillerato español ("se es de donde se hace el bachillerato", decía) y exilio mexicano, era el ejemplo más puro de la globalización. La identidad está en casi todas sus obras pero lo que llamó la atención de Cuadernos del Vigía fue que en Juego de cartas lo estaba a través del humor.

Cuando Miguel Ángel Arcas descubrió no hace mucho, gracias a Carmen Valcárcel, Juego de cartas, quedó "absolutamente estupefacto". Cuenta el editor que no conocía esta obra a pesar de considerar a Aub uno de sus autores de referencia, "uno de esos autores raros pero absolutamente apasionante". El libro que encontró era una auténtica rareza donde se descubría la faceta más risueña y experimental del autor. Se había editado en México en 1964, a cargo de Alejandro Finisterre, con una tirada de no más de 300 ejemplares. El escritor, quien gustaba de hacer muchos regalos a sus amigos por Navidad, lo había escrito con esa intención. "Tuvo un curso y una distribución entre amigos y editores, pero poco más". A partir de ahí, los editores Arcas y Carmen Peire hicieron lo imposible por publicarla en España.

Aquel no era un libro normal. Aub, quien organizaba cada semana timbas de cartas en su casa, lo había compuesto como una baraja donde jugaba con el doble sentido de la palabra carta, como género epistolar y naipe de baraja. Es una doble baraja con cuatro comodines, lo que hace un total de 108 naipes, que tienen por una lado dibujos atribuidos a su pintor Jusep Torres Campalans y, por el reverso, cartas de diversas personas que permiten reconstruir la vida del personaje principal que acaba de fallecer, Máximo Ballesteros, sin que importe el orden en que se lean. Con Juego de cartas proponía al lector una victoria imposible: adivinar cuál era la verdadera personalidad del protagonista. "En la medida en que el azar disponga las cartas habrá miles de soluciones y miles de respuestas". Como subraya Arcas, "ocurre en la realidad. Cuando tenemos que hablar de alguien ausente cada uno tenemos una visión y nadie sabe realmente cuál es la verdadera".

Por un lado, en este libro-objeto está su literatura despierta y un curioso juego irónico sobre identidades. Por el otro, aquella otra faceta que desarrolló en México gracias a la invención de ese pintor, su alter ego, Torres Campalans, a quien dio una biografía e incluso organizó exposiciones. Ante aquel hallazgo, contactaron con Elena Aub, su hija, y ella les dio luz verde para comenzar la reedición. "Era un reto poder revisar el propio libro, aquella baraja de naipes, y afrontar la recuperación técnica y estilística del texto". El resultado salta a la vista. Cambiaron el color azul de la caja original por el rojo y reprodujeron el papel utilizando una cartulina ahuesada que trajeron especialmente de Italia.

Arcas explica que además de hacer una completa revisión ortotipográfica, era necesario un ejercicio de interpretación y valoración sobre qué era lo que realmente había escrito puesto que trabajaban con el mecanoescrito original de Aub, donde había diferencias respecto a las cartas que se habían publicado.

Era un proyecto ambicioso y "apasionante" que pretendía respetar la idea original del autor. Han sido meses de cotejar los mecanoescritos que estaban en la Fundación con cada una de las cartas que se han limpiado de manchas del tiempo, se han vuelto a reelaborar las cenefas azules y rojas para centrar mejor el texto y que todo quede lo mejor posible.

Aunque hay quien ve cierto paralelismo con Rayuela, de Cortázar, el editor no nota la influencia de esta obra. Más bien quizás de Le Jeu de Marseille, "una especie de baraja que hicieron los surrealistas y que Aub pudo haber conocido. Era una baraja también de corte literario sin principio ni final".

Mucha muerte es una recopilación en un solo libro de dos piezas importantísimas: Crímenes ejemplares, "quizás la obra más difundida, interpretada, traída y llevada de Aub", y Signos de ortografía, "una de las obras más desconocidas pero que tiene en común con Crímenes que la muerte está presente en los relatos".

Estos hallazgos son fruto de la minuciosa labor de investigación del profesor Pablo Tejada en los archivos de la Fundación Max Aub de Segorbe además de otros que se publicaron en la revista Sala de espera y que nunca habían sido reunidos en un libro.

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