"Dejaré de escribir cuando esté muerto o gagá"

  • Alberto Vázquez Figueroa destapa la explotación de minerales estratégicos en su nueva novela, 'Coltan'

Alberto Vázquez-Figueroa lleva más de treinta años escribiendo novelas de aventuras sobre conflictos armados de todo el mundo. En la última, Coltan, ha sacado a la luz el drama de este desconocido mineral, escaso pero elemental en la construcción de aparatos electrónicos. "Intenté escribir una novela que fuera entretenida, amena, con acción, con personajes interesantes, y que los lectores, después de leerla, se digan que saben algo que no sabían antes, algo que les sorprende, algo inquietante, como el hecho de que puede que dentro de unos años no haya más teléfonos móviles ni más ordenadores personales". Con un tema tan crudo como base, en Coltan se mueven con soltura empresas con tintes criminales, mafiosos, antiguos exiliados cubanos y un terrorista dispuesto a matar a los directivos de la multinacional de armamento militar que inició la guerra de Iraq. "Esos hombres han matado a millones de personas en Irak sólo por ganar dinero, ¿les vamos a permitir que se vayan a su casa y los muertos los entierren?Habría que fusilarlos a todos", comenta.

En esta novela el escritor canario rescata algunos de los personajes de Por mil millones de dólares, una obra en la que analizaba el problema del petróleo, "había personajes muy interesantes, y me daba pena deshacerme de ellos: la chica, Mauro Rivero, que es el malo malísimo, la empresa. Pero esta novela se puede leer también sin haber leído Por mil millones". La aventura y el suspense se ponen en Coltan al servicio de la crítica de actualidad "lo bueno es que el lector no llegue nunca a saber cuál es la realidad y cuál es la ficción. El fondo es real, los datos son reales, pero los personajes son ficticios. Hoy todo el mundo va acelerado, y no tiene tiempo de pensar. A mí me pagan por pensar. Es mi oficio, averiguarlo todo y luego contarlo. Es como un artículo, pero en un libro de trescientas páginas en lugar de en una página de periódico".

Reconoce que este afán de escribir sobre conflictos viene de sus años de corresponsal de guerra y del tiempo que vivió exiliado en África, aunque siempre tuvo clara su vocación. "Cuando tenía diez años me preguntaban qué quería ser de mayor y yo decía que quería ser escritor y ligar mucho. Pero cuando me planteé qué tenía que hacer en la vida para ser escritor, me dije que tenía ser periodista. Y cuando fui periodista, quise ser corresponsal de guerra, porque es la única forma de aprender".

Escribe siempre sobre lo que le interesa en ese momento: el descubrimiento de América en Cienfuegos, los hombres del desierto en Tuareg o la guerra de Irak en Coltan, "escribir es como hacer el amor con una mujer que te gusta. Haces el amor con ella, y es maravilloso, te lo pasas muy bien. Y si el mismo día viene alguien que te dice que te va a pagar por ello, pues fantástico. Pero tienes que hacer el amor cuando y donde te apetece, porque si te obligan a hacerlo de una manera que no te apetece ya lo vas a hacer mal".

Hoy, con más de setenta años, sigue nadando, viajando y escribiendo como siempre. "A mí a estas alturas de la vida no me asusta nada, porque todo lo que me tenía que asustar ya lo he vivido. Y admitir ahora que algo me asusta es admitir que me he hecho viejo, y yo eso no lo admito". La literatura, asegura, forma parte de su vida, y no piensa abandonarla "a mí lo que me gusta es escribir. Para mí escribir es como leer, me cuento mis propias historias. Además escribo muy rápido. Hay escritores que tardan seis o siete años en escribir una novela, pero yo si tardo más de un mes me da un infarto. Dejaré de escribir cuando esté muerto o gagá".

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