Cuota de igualdad de género

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que tanto ha dado que hablar estos días por sus dispendiosos gastos viajeros y sus grandes tentaciones consumistas dadas al lujo y exigencias de grandes hoteles a costa del erario público, es decir el dinero de todos nosotros, no ha suscitado grandes polémicas sólo por eso grandes polémicas. También, aunque haya tenido menos eco mediático, por esa pretensión de establecer una especie de cuota en la clasificación por igualdad de género en el cine.

No contenta con el mal que ha causado a nuestra cinematografía, en la que trabajaba como guionista y a cuya profesión volverá, si Dios no lo remedia, en breve, dada la precariedad de su cargo, que ya sólo ostenta "en funciones", sus discutibles criterios en prebendas, ayudas y subvenciones y otros evidentes desaciertos que han causado nuevos estragos en nuestra ya de por sí maltrecha industria cinematográfica, ahora se inventa una valoración para reforzar la ausencia de discriminación por sexo en las pantallas.

La asombrosa novedad consiste en que el Instituto de las Ciencias y las Artes Visuales (ICAA) ha introducido una nueva categoría en la calificación de películas, sin precedentes en el contexto internacional, con el fin de imponer, fomentar y reforzar la igualdad de género. Entonces esto se formulará aplicándole una nueva categoría a la película como film "especialmente recomendado para la igualdad de género". Estoy seguro que a los más veteranos lectores aficionados al cine estas indicaciones o advertencias, o si quieren insinuaciones, propias de un dirigismo, inconcebible en un estado de libertades, les recordará a aquellas que tanto se prodigaron en tiempos de la censura franquista en materia de cine.

Y lo lógico es preguntarse ¿quién administrará o dictaminará, ya instituido ese poder soberano de decisión sobre la libertad de elección sin preceptos previos del ciudadano, del espectador? Pues está muy claro: será el Instituto de la Mujer de la Secretaría de Estado de Igualdad, dependiendo del modelo o prototipo de las consultas y el asesoramiento de expertos en materia de igualdad y política social quienes establecerán los criterios que sirvan de pauta para establecer la igualdad de género. Es decir un consejo ó junta de calificación como en los viejos tiempos autoritarios. Ello parece aconsejar como dicen "la eliminación de prejuicios, imágenes estereotipadas y roles en función de sexo e impulsen la construcción de representaciones plurales reales de hombre y mujeres".

¿Ustedes se imaginan en función de estos postulados la cantidad de textos que habría que revisar en la literatura universal de todos los tiempos, la abundancia de obras teatrales que habría que corregir, la ingente cifra de películas -algunas de ellas obras maestras del cine- que serían objeto de fiscalizar y censurar sus imágenes? Y de igual manera obras de arte, pinturas, esculturas, etc. Me consta que algunos no se atreven a analizar tan absurdas propuestas por ese ridículo concepto de lo políticamente correcto y por temor reverencial al flagelo feminista que considera este u otro tipo de análisis como un ataque a la mujer y a la igualdad de sexos que, respetamos y defendemos como lo que es: un principio de insoslayable valor constitucional. Esto es otra cosa. Con todos los respetos me parece que todo esto propende a otro tipo de consideraciones que van mucho más allá del espacio del que dispongo. Pero, además, no creo que merezca la pena entrar en ello. Lo siento.

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