Conflicto de identidad

CineBox Aqualon Puerto Huelva, El Condado Cinemas 7 y Al Andaluz Punta Umbría. - Producción: Estados Unidos y Francia, 2011. - T.O.: 'Source code'. - Duración: 93 minutos. - Dirección: Duncan Jones. - Guión: Ben Ripley. - Fotografía: Don Burgess. - Música: chris Bacon. - Montaje: Paul Hirsch. - Intérpretes: Jake Gyllenhaal. Michelle Monaghan, Vera Farmiga, Jeffrey Wright, Brent Skagford, Cas Anvar, Michael Arden, Craig Thomas.

Duncan Jones, el director de esta película, hijo del famoso cantante y también cineasta David Bowie, que debutó, recordemos, con Moon(2009), vuelve a la ciencia ficción, pero la mezcla hábilmente con el enigma, la fantasía, la aventura, la ciencia-ficción, la acción y la intriga o el comúnmente llamado thriller. Pero si muchos directores se adhieren con habitual predilección al espíritu Hitchcock, en esta oportuna amalgama de géneros, Duncan Jones, no elude ciertos mimetismos que siempre vienen al pelo aún con las trampas y añagazas que, inteligentemente, el llamado mago del suspense manejaba como un experto prestímano.

El realizador de principios indie, apoyándose en cierta literatura y en conocidos cómics, cultiva la tesis de que es posible trasladar la conciencia o el alma de un individuo al cuerpo de otro a través del tiempo. En este caso se sirve de un héroe de guerra, el capitán Colter Stevens, piloto de helicópteros en el conflicto bélico de Afganistán, quien ha de evitar que estalle una bomba en un tren que se dirige a Chicago y en el que viaja sin saber porqué. Dispone de ocho minutos. En esa situación, en el cuerpo de un extraño, vuelve una y otra vez al tren y contará con otros ocho minutos para identificar al terrorista. La misión es difícil pero a medida que cuenta con más datos, más posibilidades tiene de evitar el desastre. Si el tiempo no se le agota.

Así tenemos al héroe que ignora su destino, manejado como un autómata a merced de unos poderes que desconoce y se muestran superiores e incontrolables. El misterio envuelve una acción trepidante, sorprendente, convulsa y la personalidad se bifurca de manera inquietante. El agobio de esa dinámica repetitiva, obsesiva y oprobiosa, llega a apoderarse del espectador. Ese, creo, es el acierto de Duncan Jones, además de no resultar ni pretencioso ni efectista, combinando inteligencia y sentido del humor. Se pueden apreciar mimetismos que los más conspicuos del cine advertirán, pero para mí el más notable sigue siendo Alfred Hitchcock.

A este muy estimado ejercicio de composición narrativa en ocasiones algo provocativa, hay que añadirle valores reconocidos de inventiva, agudeza y un buen trabajo de montaje. El resultado, salvando los elementos melodramáticos del final, que normalmente resultan tan convencionales, nos revela un tratamiento ciertamente original de la ciencia-ficción por la ocurrente aportación de habilidosas innovaciones. Y esto anima al, en ocasiones, desconcertado espectador.

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