crítica de arte

Para cuándo Caballero

  • Veinte años después, el Museo de Huelva no tiene la colección que el artista anhelaba

Hace dos semanas visitamos el Museo de Huelva. La exposición Relecturas nos dejó la satisfacción de contemplar las tripas de su colección pictórica y, como todo en la vida, también nos regaló la sombra de una duda. No como la que deflagró hasta sus últimas consecuencias Hitchcock, en 1943, a sobresaltos imprevisibles con Tess Wright y Josep Cotten, sino a (r)empujones previsibles de mala gestión choquera con "vamos a hacer esto para dejarlo morir". Todo por Huelva. Todo por nada. Qué listo eres, Camilo Sexto. Viva la Pepa, ya que estamos de celebraciones.

La duda que nos atropella sin pudor, con sombras que se hacen luces (o viceversa), es saber cuándo Huelva va a contar con una colección que dignifique la obra de José Caballero en su tierra natal. Una colección que dé solución a la enclenque que en la actualidad tenemos en el Museo.

Aunque no lo crean, yo tampoco, me he vestido de nuevo de periodista de investigación. Ahora con el internet, los escudriñamientos son más limpios. Antiguamente, una, aunque no lo crean (repito), que ya peina canas teñidas, mechadas y/o veteadas ad hoc, recurría a las hemerotecas y a las fuentes originales. ¡Qué ajetreo! Hoy, las fuentes no son hidráulicas, sino digitales. Y el agua salpica, más que ahoga. Desde tu casa, desde la redacción del periódico, disparas dos nombres sobre la pantalla del google o del wikiloquesea y obtiene el árbol genealógico de Lucy (in the sky with diamonds), sí aquella chica con aspecto aún simiesco que el profesor Donald Johanson encontró en Etiopía, allá por el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1974.

Pues ni corta ni perezosa, a teclear me dispuse. José Caballero y Muñoz Caballero, nacido en Huelva hace… Aquí ya nos encontramos una (nueva) duda. Para nada decisiva, por cierto. Hay autores, algunos historiadores, otros contrabandistas, otros Jack Sparrow, otros 'ná-de-ná', que, con la carta natal en la mano, nos señala que Caballero nace en 1913. Pero, he aquí la broma, en el currículo 'oficial' del propio pintor, su nacimiento arranca ¡dos o tres años más tarde!, en 1915 ó 1916. Supongo que este dislate fortuito, en nada dirigido, será para atender con mejor disposición a la precocidad. Más joven, más-más. Más joven, mejor atendemos a la máxima de Willy Brand. ¿De qué sirve la Historia si no la 'atendemos' como Dios manda?

Continuando mis pesquisas, Miss Marple estaría orgullosa de mí, si bien a quien me hubiera gustado ser, por su cuerpo, es a Maddie Hayes (Cybill Shepherd), me encuentro que el Museo de Huelva (tiren de comentarios) ha luchado desde temprana edad por contar con una colección de los cuadros de este insigne hijo de Huelva.

Casi cuarenta años después, nada de nada, o como dirían los franceses, oh la la, rien du tout. Cansada de teclear, y como una mala malísima manipuladora de los años de maricastaña, una Mary Astor vestida de Zara, llamo al teléfono. Unos (y unas, por supuesto) me cogen, otros me ignoran, otros me mienten, otros se depilan mientras mean (con perdón) Channel nº 5, otros me despistan, otros dan gracias a la vida por haberla ilustrado y lustrado, otros me escupen… otros siguen siendo otros a fuerza de ser nada.

Conclusión. El Museo de Huelva no tiene una colección de Caballero como el propio Caballero quiso o hubiera o hubiese querido. Han pasado 21 años desde que el bueno de Pepe nos dejara. 21 años, es decir, más de cinco legislaturas, dos crisis de importancia mundial, y mucho dinero tirado en ladrillos (no confundir con I+D+i), y… Caballero no está con nosotros. Mejor dicho, no está como a él le hubiera gustado.

La Fundación José Caballero no sé si se levantó en Alcalá de Henares, provincia de Madrid, lejos de Huelva, o como esta investigadora provinciana sólo navega por la red. Si es o no así, o sea lo que sea, ¿no conviene que nuestros próceres anoten en sus pintarrajeadas agendas, por ajetreadas no por ociosas, un día y una hora para ir a la Avenida de América, cerca de María de Molina e ir a por la colección (de una puñetera vez con paso decidido)? Qué curioso, toda la Huelva pictórica en un palmo de terreno de la capital de España.

Uno de los interlocutores (fuentes anónimas) me cuenta que hace unos veintitantos años fue a Madrid por once cuadros, once cuadros prometidos por el propio Pepe Caballero en las salas de nuestro Museo. Tras dos días deambulando por la Corte sin ser recibido, regresó. Le hicieron regresar. La dieta no daba para más cervezas... y llamadas telefónicas que sólo encontraban evasivas.

No sé qué es lo que tiene que pasar para que Caballero total, aquel que despierta dibujante inmenso al amparo de Dalí o Bores, Lorca o Neruda, y madura engreído al calor de un color lleno de signos telúricos, místicos y celestiales del más puro abstraccionismo gestual y mental, desembarque para siempre a la tierra que le vio nacer. De palabra, como tantas veces, un aluvión de buenas intenciones. He hecho, pues eso, a los hechos me (repito) remito. Nada de nada.

Si estas letras cuajan, si estas letras hacen que los que tienen que negociar dialoguen, los que tienen que disuadir disuadan y no acopien, y los que tienen que ceder y ablandar su corazón no consideren a esta tierra como la calumniadora sino la que le vio nacer y crecer y querer, posiblemente… Caballero pronto esté con nosotros.

Me da igual que me insulten con tal de que Caballero sea expuesto por y para siempre en su Museo. Mis hijas, al fin, podrán admirar su embaucadora producción sin necesidad de ir al Reina Sofía y… admirar a otros autores. Amen, señoras y señores que no ven pasar el tiempo. Ahora o nunca.

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