China da un ultimátum para que se rindan los manifestantes del Tíbet

  • Diez personas pierden la vida durante los disturbios en Lhasa según el Gobierno de Pekín · La capital tibetana continúa en estado de sitio mientras siguen los disparos y las protestas en las calles

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Las autoridades chinas dieron ayer un ultimatum para rendirse a los manifestantes de la capital tibetana, donde se registraron el viernes los peores episodios de violencia en 20 años con la muerte de diez civiles, según reconoció ayer el Gobierno de Pekín.

Pekín acabó con el silencio que le caracteriza y confirmó la muerte de 10 personas, hablaron de un número indeterminado de heridos y mostraron imágenes de los disturbios por televisión.Además, un total de 580 personas fueron evacuadas de la ciudad por las fuerzas de orden público.

Las autoridades, que no facilitaron la cifra de detenidos, afirmaron que todos los fallecidos son "civiles inocentes" de nacionalidad china, que fueron "quemados hasta morir" por los manifestantes independentistas, y mantuvieron la versión de que la Policía "no disparó ningún arma" durante la revuelta.

Aunque China habla de "calma" ayer en Lhasa, la capital tibetana se encuentra en estado de sitio y durante la jornada de ayer se registraron tiroteos. Además, nuevas protestas aisladas se desataron ayer tanto en Lhasa como en la provincia china de Gansu. "Desde ayer hay estado de sitio y no podemos salir a la calle, al menos quienes vivimos en el centro de Lhasa", explicó un testigo de los hechos, quien no descartó que se estén produciendo registros "casa por casa" en busca de los participantes en las protestas, en las que, agregó, la Policía disparó balas de sal desde el primer momento.

Las manifestaciones comenzaron el lunes en el monasterio de Deprung, cuando 500 monjes quisieron conmemorar de un modo pacífico el 49 aniversario de la rebelión de 1959 contra el dominio de China, que sofocó el levantamiento que concluyó con el exilio de 100.000 tibetanos, entre ellos su líder espiritual, el Dalai Lama.

Las protestas, no obstante, fueron adquiriendo intensidad a lo largo de la semana y se prolongaron hasta ayer, jornada en la que alcanzaron su máxima magnitud al sumarse civiles a las manifestaciones de los monjes y protagonizar enfrentamientos con la Policía e importantes disturbios.

Las autoridades señalaron que se produjeron saqueos y asaltos por parte de manifestantes armados con cuchillos, botellas, barras de hierro, piedras, palos y líquidos inflamables que provocaron 40 fuegos de importancia en los que ardieron vehículos, tiendas, centros comerciales, hoteles, bancos, escuelas, hospitales, viviendas particulares, mercados y una mezquita.

El Gobierno chino guardó silencio sobre el desarrollo de los acontecimientos a lo largo de la semana hasta ayer, por lo que las noticias han ido apareciendo con cuentagotas. La censura ha alcanzado incluso a la señal de cadenas de televisión extranjeras, como la CNN, cuando informan sobre la actualidad de Lhasa.

Las autoridades calificaron los sucesos de "sabotaje separatista" y acusaron el viernes al Dalai Lama y a sus seguidores de ser los instigadores de la revuelta.

"Trataremos con severidad y de acuerdo con la ley a aquellos que se involucren en actividades que busquen la división de la nación", subrayó el presidente del Gobierno tibetano, Qianba Puncog.

Otras autoridades judiciales y policiales como el Alto Tribunal de Tíbet, la Fiscalía Regional y el Buró Regional de Seguridad Pública, anunciaron ayer que "eximirán de castigo a quienes depongan su actitud y den información" sobre otros manifestantes.

Los sucesos de Lhasa tienen lugar a menos de cinco meses del inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín, una cita en la que China quiere mostrar al mundo la mejor de sus imágenes.

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