El síndrome de Diógenes habita en el Matadero

  • Dos vecinas de la calle Maestro Salvador López denuncian la situación de insalubridad en la que se ven obligadas a vivir "por culpa" de uno de sus vecinos

Comentarios 1

Aprender a convivir con ratas y todo tipo de insectos. Ése es el pan nuestro de cada día de dos vecinas de la barriada capitalina del Matadero. El origen del problema se encuentra en la vivienda número 19 de la calle Maestro Salvador López, donde habita Fernando, un hombre que, según afirman sus vecinas Rocío Martín y Ascensión Pérez, "sufre el síndrome de Diógenes y no hace más que acumular porquerías en su vivienda".

Este síndrome, para los que no lo sepan, es un desorden del comportamiento que normalmente afecta a personas de avanzada edad que viven solas, caracterizándose por el total abandono personal, social y el aislamiento voluntario en su propio hogar. En este caso, Fernando no se ha adentrado aún en la tercera edad -tiene en torno a cuarenta años- "pero le encanta tener toda su casa llena de basura y objetos que no usa para nada", explicaba a este periódico la mujer que vive en el bajo del número 17, Rocío Martín.

Este "calvario" comenzó hace "casi tres años". Rocío empezó a escuchar ruidos en la pared que linda con la casa del presunto enfermo. "Como mi pared no tiene cámara de aire, se ve que una rata comenzó a hacer un agujero en el cemento y me agujereó la jamba de la puerta de la calle y me hizo un agujero en el suelo del diámetro de un bote de silicona", el que tuvo que usar su marido para taponar la entrada de los roedores a su hogar.

Basta con asomarse por la tapia de su patio para encontrarse con un exótico jardín y "darse cuenta de que no se ve ni un palmo de suelo de tanta basura como tiene acumulada. No quiero imaginarme cómo tiene la casa".

Recuerda Rocío Martín cómo "una rata mató a cuatro pájaros que teníamos en mi patio a plena luz del día". Visto lo visto, no es de extrañar que sienta temor ante la situación de insalubridad que están viviendo: "Tengo una niña pequeña, de cuatro añitos, y no quiero que le pase nada ni que tenga que vivir junto a esta inmundicia".

El 16 de abril del año pasado, los vecinos de esta vía del Matadero denunciaron ante el Ayuntamiento de Huelva esta situación. Un técnico municipal elaboró un informe en el que reseñaba que "la vivienda se encuentra repleta de muebles y enseres viejos procedentes de derribos y contenedores (...) que crean el nicho ecológico ideal para los roedores, insectos y parásitos". En aquellos días, el inquilino de la vivienda que "es propiedad de Rafael Llanes, el de los almacenes Llanes", no permitió que ésta fuera desinfectada, aunque sí se procedió a la desratización de las zonas públicas y de algunas casas colindantes, como los de estas dos mujeres.

Un mes más tarde, el 17 de mayo de 2007, Ascensión Pérez y rocío Martín presentaron una denuncia conjunta ante el Juzgado de Instrucción Nº3 de Huelva con el objetivo de que "se le dé una solución a este grave problema de salud pública". Sin embargo, no ha servido para nada. Cuenta Rocío que "el juez no ha admitido a trámite nuestra denuncia porque dice que no es delito tener la casa como la tiene este señor".

La tapia del patio de Ascensión luce una decoración inusual: una retahíla de trampas para roedores espera paciente a que los indeseables animalillos se animen a traspasar la frontera entre ambas viviendas. Con sorna, Fernando "colocó una rata enorme en el poyete, metida en una fiambrera", un escarnio que no hizo ninguna gracia a la vecina.

Para más inri, como no tiene agua en casa "deja unos recipientes en el patio para reciclar agua de lluvia, según nos dice, pero la deja ahí mucho tiempo y hay unos mosquitos que dan miedo". Las ventanas de Rocío y Ascensión están cubiertas de mosquiteras y "no podemos abrirlas ni en verano ni en invierno, estamos obligadas a vivir encerradas en nuestra propia casa". Aunque en un principio contaron con el apoyo incondicional de los vecinos, "la que se queja es a la que le duele y esto se ha convertido en un problema de nosotras dos y de nuestras familias que no sabemos cómo solucionar".

Mientras tanto, intentan buscar una salida a un conflicto que ha llamado a sus puertas sin avisar pero "es complicado encontrarla", sentenciaba Rocío Martín. Ahora sólo les queda seguir recurriendo, pidiendo que sus hijos y ellos mismos puedan vivir de forma higiénica, sin sufrir malos olores y plagas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios