Un rocianero enamorado de los aires umbreños

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Rafael Cano ejerce de conserje en el Hogar de la Tercera Edad de Rociana cumpliendo siempre a rajatabla la premisa de la elegancia y el cuidado por las exquisitas formas en el trato humano. En sintonía con este perfil que cuida, no es de extrañar que sea un dandi en el buen gusto por el vestir y un ejemplo de lo que se presume que ha de ser cualquier caballero que se precie de serlo. Precisamente por ello Rafael Cano destila ese aire de galán de los 50 y conforma uno de los personajes más atípicos dentro de la amalgama de ciudadanos que acuden al centro social.

Aunque Cano es natural de Rociana del Condado ha vivido gran parte de su vida en Punta Umbría, donde emigró llamado por las posibilidades de trabajo que le brindaban el municipio costero en el que a la postre fijaría su lecho conyugal y tendría tres retoños. Aunque destaca que es un enamorado de aquella tierra en la que incluso pasó parte de su infancia, la madurez parece arrastrarle como un imán hacia sus raíces para terminar de completar el círculo de la vida.

Sostiene que su pasión es el servicio a los demás y cumplir con aquel precepto de "haz bien sin mirar a quien", una afirmación nada vacua como demuestra el hecho de que sea uno de los miembros de protección civil que más servicio presta a lo largo del año. Un hecho que habla a las claras de su predisposición a servir a la ciudadanía de sendos municipios en los que ha dejado su impronta y su seña indeleble en el cuerpo de voluntarios. Movido por este afán altruista también ha ejercido como masajista de los equipos inferiores del Punta Umbría CF y posteriormente del Santa Marta, cuando el equipo técnico, entrenador incluido, fichó por el club onubense. Y es que el fútbol es una de sus grandes pasiones junto con la música y, en menor medida, el cine. No obstante, él especifica que el séptimo arte ha perdido gran parte de su encanto con respecto a cuando los filmes se reproducían únicamente en pantalla grande y la visita a los cines estaban envuelto en un aura mágica que lo elevaba a la categoría de acontecimiento social.

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