Las poblaciones pequeñas de Huelva cuentan con mejor salud cardíaca

  • El avance de un estudio médico comparativo desvela que la obesidad entre la población de Huelva ha pasado del 23% al 32% entre 1988 y 2008

A principios de la década de los años ochenta un equipo médico denominado Grupo Onuba presentó los resultados de un estudio que analizaba la 'Prevalencia de los factores de riesgo cardiovascular en la población adulta de la provincia de Huelva'. Un trabajo, dirigido por el cardiólogo Juan Motero, que alertó a los facultativos sobre la epidemia que auguraban sus estudios: colesterol, sedentarismo y obesidad. El fruto estaba servido: aumento de las enfermedades cardiovasculares en la población de Huelva y provincia hasta el punto de convertirse en una de las principales causas de muerte.

El paisaje social que encontró el Grupo Onuba fue una población relativamente joven, formada fundamentalmente por obreros cualificados o especializados y predominio de trabajadores físicos.

En aquella época ya llamaba la atención la alta tasa de sobrepeso y obesidad entre la población mayor de cuarenta años, sobre todo entre la franja de 50-70 años.

Un verdadero quebradero de cabeza para los cardiólogos que no ha hecho más que agravarse con el tiempo al envejecer la población onubense.

Veinte años después, el cardiólogo Juan Motero avanza parte de los resultados de un nuevo estudio, esta vez comparativo, que está desarrollando. Y sus noticias no son precisamente buenas.

"En veinte años la obesidad se ha disparado", dice, y ya llega a ser un problema "incluso en los niños", advierte Motero.

Dentro de un maremágnun de datos extrae concreciones peligrosas: en 1988, un 24% de la población onubense mayor de 45 años tenía índices de colesterol en sangre superiores a 240 miligramos por decilitro. Una cifra que subiría hasta el 34% si se toma como base la medida de 200 miligramos. Dos décadas después, el 58% de los ciudadanos supera los índices de colesterol aconsejados. Algo así como circular por la vida a 200 kilómetros por hora sin saberlo aunque aquí en vez de multas o puntos el organismo castiga al infractor con infartos y otras lindezas .

Pero el decorado del riesgo cardíaco no termina aquí. Los datos que maneja su oficina recuerdan que en 1988 el 23% de la población mayor de cuarenta años era obesa, una cifra que hoy llega ya al 32%.

Basta con tirar del album familiar para darse cuenta de los riesgos que corremos. Coja una cinta métrica y mídase la cintura a la altura de los michelines. Si pasa de los 103 centímetros en el caso de ser hombre o de los 89 si es mujer mejor que cambie el sofá por las caminatas y la televisión por el aire libre.

Juan Motero advierte que "la obesidad es madre de muchos padecimientos".

Pero el cóctel letal ha seguido subiendo en Huelva cuando se barajan los índices que incluyen la presión arterial. Hace veinte años el 27% de los mayores de 18 años la tenía alta, proporción que alcanzaba el 34% entre los de más de cuarenta. Hoy el índice se mantiene en ese nefasto 40% en la cuarentena pero se incrementa hasta el 50-60% entre los cincuenta y los sesenta abriles.

El perfil del paciente que acudía a las consultas de cardiología delata también el envejecimiento de la población de Huelva, que se ha sextuplicado. El 75% era de la capital y el 25% procedía de los pueblos.

Y hace veinte años el 69% de los pacientes vistos en consultas eran hombres y el 31% mujeres. Hoy esa cantidad se ha equiparado. Gran culpa de este peculiar empate lo ha tenido el tabaquismo, una faceta en la que la mujer ha adquirido hábitos negativos, subraya el doctor Motero.

Conforme la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo ha ido subiendo su adicción al tabaco. Un hábito que va tocando de lleno hasta la edad del fumador, que ha pasado de los quince o dieciséis años de los años ochenta a los doce de hoy. Las mujeres por debajo de los cuarenta y cinco años no solían tener problemas cardíacos pero "ahora han comenzado a tenerlos a menudo", concluye el cardiólogo.

Otra de las características que aportará el estudio en marcha son los datos comarcales tanto en hábitos alimenticios como de otra índole aunque ya, explica Juan Motero, "se han acercado mucho las costumbres culinarias entre los pueblos, sobre todos los más habitados", y los factores de riesgo de contraer una enfermedad cardiovascular son similares, por ejemplo entre la Sierra y la Costa.

A pesar de la dificultad de elaborar una encuesta dietética, hay evidencias claras de malos hábitos alimenticios en las poblaciones onubenses más habitadas.

Juan Motero comenta que las poblaciones pequeñas, hasta de menos de mil habitantes, incluyen a los individuos con menos problemas cardíacos. Se suelen hacer más trabajos físicos y apenas existe la comida basura en la dieta de los lugareños, señala el cardiólogo. Motero opina que "a mayor número de habitantes y superior desarrollo económico existe mayor riesgo de abusos en la mala práctica alimenticia".

El avance del estudio también señala que a finales de la década de los setenta la dieta mediterránea era la preponderante en los hogares pero ahora el onubense "se ha hecho más carnívoro", abusa de los lácteos, alimentos precocinados, repostería y bollería industrial. Ante esta mala práxis, Juan Motero aconseja incluir cinco alimentos en el menú diario. Y cita al aceite de oliva como madre de todas las buenas costumbres, ya sea en ensalada o con el pan. No se olvide tampoco de las nueces, los cítricos, incluído el pomelo, el pescado azul, las sardinas, caballa y, por supuesto la fruta. Claro está, todo esto acompañado de una buena caminata o ejercicio físico en su defecto.

Los cardiólogos tienen elaborado un perfil del enfermo cardiovascular: una persona gruesa, sobre unos cincuenta años, fumador, hipertenso, colesterol elevado, tasa de glucemia basal (azúcar) aunque no tenga síntomas. Si se encuentra usted en medio de este dibujo ándese con cuidado pues tiene muchas posibilidades de sufrir un infarto de miocardio aunque no tenga síntomas.

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