524 años de Voto Colombino

  • El Santuario de la Cinta abre sus puertas para recordar el compromiso de Colón con la Patrona de Huelva

  • El almirante Juan Rodríguez Garat representa a la Armada

524 años de Voto Colombino 524 años de Voto Colombino

524 años de Voto Colombino

El Santuario de Nuestra Señora de la Cinta volvió a abrir en la tarde de ayer sus puertas para ser escenario de la renovación del Voto Colombino, una tradición que se remonta nada menos que al descubridor Cristóbal Colón. Como testigo fiel de todo ello, la Real Sociedad Colombina echa una mirada a una gloriosa página del pasado de Huelva.

El almirante de la Flota, Juan Rodríguez Garat, fue recibido a las puertas del santuario por la Real Sociedad Colombina Onubense, que preside José María Segovia. En el claustro del santuario le esperaba la junta gestora de la Hermandad de la Cinta, presidida por Bienvenido González, que le hizo entrega de la vara de hermano mayor. Aquí le recibieron también las autoridades asistentes al acto: la subdelegada del Gobierno, Asunción Grávalos; el teniente alcalde Manuel Gómez; el alcalde de Palos de la Frontera, Carmelo Romero; el presidente de la Audiencia, Antonio Pontón; el teniente coronel de la Guardia Civil, el comisario de la Policía Nacional y representantes del Ejército de Tierra y de la Marina.

A las puertas de la iglesia fue recibido el almirante por el rector del santuario, Andrés Vázquez, quien le dio a besar el relicario de Nuestra Señora de la Cinta.

Se celebró la solemne misa tras la cual se procedió al Voto Colombino en su 524º aniversario, dándose lectura al Diario de Navegación de la transcripción de Fray Bartolomé de las Casas, que recoge cómo en el viaje de vuelta los marinos invocaron a la Virgen de la Cinta y fue el almirante Cristóbal Colón al que le cayó en suerte venir de romero hasta este santuario en acción de gracias.

En el altar mayor el almirante, acompañado del presidente de la Colombina y en presencia del rector del santuario y del presidente de la gestora, encendió el cirio votivo en el altar mayor.

El almirante Juan Rodríguez Garat, en el saludo que realizó a Nuestra Señora de la Cinta, dijo que se presentaba ante su santuario para agradecer su protección, la que reciben "los marinos tanto en la mar como en la vida, porque hay situaciones en la que no bastan nuestras fuerzas ni nuestros conocimientos, sino que necesitamos de tu mano maternal". Añadió que es "estrella y faro" que ilumina a los marineros y le pidió que guíe con su luz a los marineros en la estela que les lleva al puerto seguro.

José María Segovia realizó una plegaria en la que mostró su cercanía y amor de la Colombina hacia Nuestra Señora de la Cinta, desde la filial cercanía de otra advocación tan marinera y colombina como la de Santa María de los Milagros. Destacó que "este voto es el mejor símbolo de nuestro amor". Pidió por la Armada que es heredera de la de Castilla con la que Colón llegó al Nuevo Mundo. También se acordó de "las tierras de América que aquí nacieron".

Como recordó el propio Segovia, "Huelva no olvida su historia colombina tan fuertemente atada a la devoción a su Patrona". Y no es para menos. El Voto Colombino trae, cada mes de marzo, el recuerdo de una promesa de fe hecha por Cristóbal Colón, que a la vuelta de su primer viaje a América, y ya navegando a la altura de Portugal después de que la carabela Pinta se separase y tomara rumbo a Galicia, se vio en medio de una terrible tempestad que sin duda podía hacer zozobrar la carabela Niña, donde venía el almirante. Hombres de fe en su mayoría y de gran sentido mariano, ante el temor del hundimiento, en la noche del día 2 de marzo, pusieron su mirada en los cielos e imploraron a la Madre de Dios la salvación. El almirante Colón prometió enviar a un romero a la Ermita de la Virgen de la Cinta a dar gracias si las cosas salían bien. Se echó en suerte quién debía acudir a cumplir la promesa y le tocó al propio Cristóbal Colón, que a su llegada el día 15 de marzo al puerto de Palos y tras pasar la noche orando en el Monasterio de Santa Clara en Moguer, acudió a Huelva a visitar la ermita de la Patrona de los onubenses y cumplir el voto que había hecho en alta mar.

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