Al amparo del guardián del verano

  • El socorrista es una de las figuras más destacadas de los lugares de baño durante la estación estivall una oportunidad Los socorristas son en su mayoría jóvenes que aprovechan el verano para obtener unos ingresos extras.

El verano no siempre tiene que ser la estación para disfrutar de unas vacaciones. Estos meses estivales se convierten para algunos en los más duros del año ya que en lugar de descansar o viajar, lo propio de esta época, asumen más trabajo que en otras fechas. Es el caso de la popular figura del socorrista, cuya labor resulta imprescindible para que el resto de personas pueda pasar un verano seguro y tranquilo si lo que deciden es irse a playa o a la piscina. Son chicos y chicas jóvenes en su mayoría que, una vez terminan el curso académico, aprovechan el verano para obtener unos ingresos extras.

Así lo reconoce uno de estos profesionales, Sebastián Gámez, que vela por la seguridad de los bañistas en la playa del Parador en Mazagón. "Este trabajo viene bien para sacar un poquito de dinero", afirma. No obstante, este oficio ha llamado la atención de Gámez "desde que tenía tres años e iba a la playa con mis padres -reconoce- siempre había querido ser socorrista y la verdad es que me encanta dedicarme a esto". No obstante, no deja de ser un trabajo "de especial dureza" por el compromiso que conlleva. "Lo más duro es la responsabilidad que asumes en este puesto -comenta Sebastián- no es estresante pero sí supone cierto respeto el hecho de saber que la vida de las personas que te rodean están en tus manos en cierta medida". Mientras, el lado positivo del trabajo de un socorrista es que "algunas veces, no todas, la gente te agradece tu labor y eso conforta mucho", añade el joven profesional de salvamento acuático.

Hay quien incluso recibe regalos por su buena gestión. Es el caso de Antonio Jesús Gallego, otro socorrista que ejerce en la piscina de la Urbanización Residencial Miami de Mazagón. "La gente agradece mucho el hecho de que te lleves todo el verano cuidando de la seguridad de todos y, especialmente, de los niños y hasta me han llegado a regalar una sudadera y una pulsera", comenta Gallego.

Para él, "lo más bonito" de su profesión temporal es que "conoces a muchos niños y niñas y son geniales, rápidamente se convierten en tus amigos y te diviertes mucho con ellos", comenta. Pero al mismo tiempo, los pequeños pueden llegar a ser los protagonistas de los capítulos más difíciles durante el verano para Antonio Jesús Gallego ya que "hay veces que se hacen daño y verlos llorar no me gusta, además, en ocasiones se resisten a que les cure, se aferran a sus padres, y todavía se hace más duro", admite este sensible socorrista.

No obstante, ni el llanto de los niños, ni las numerosas horas de exposición continua al sol y a las altas temperaturas, ni el fuerte estres que supone controlar todo lo que ocurre a su alrededor se convierten en trabas para que ambos profesionales desempeñen su labor a la perfección, conviertiéndose así en unos distinguidos e irremplazables guardianes del verano.

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