Vivir solo no es compatible con la movilidad reducida

  • La FAMFH denuncia la fuerte discriminación que sufren los minusválidos físicos

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Algo tal habitual como ir a visitar a un amigo a su casa se convierte en una difícil tarea para los discapacitados. A las deficiencias en el transporte se le suman las limitaciones en las edificaciones que impiden, por ejemplo, que una persona pueda pulsar un portero automático desde una silla de ruedas, o que pueda acceder a la mayor parte de los ascensores de cualquier vivienda, e incluso que se pueda asomar a una ventana. La historia se complica más aún si el discapacitado quiere vivir de forma independiente, como se denuncia desde la Federación de Asociaciones de Minusválidos Físicos de Huelva (Famfh). "Es imposible -asegura su presidenta, Josefa Lezcano- porque estamos obligados a que alguien nos ayude a saltar obstáculos, como abrir una puerta o acceder al registro de la luz", aunque como ella misma denuncia, hoy por hoy, las ciudades discriminan más a los ciegos y a los sordos que a los minusválidos.

Josefa lo sufre en primera persona y por ello no titubea al calificar de "tercermundista" la situación. Y es que, según denuncia, los cascos urbanos no están adaptados, "pero tampoco, por increíble que pueda parecer, los centros sanitarios, donde las habitaciones no están en condiciones". De ahí, que desde la Federación centren los esfuerzos en una única reivindicación: que los discapacitados onubenses se puedan mover "como cualquier ciudadano de pleno derecho, porque los minusválidos no somos personas que debamos vivir de favores, ni de la caridad o de la sensibilidad del resto de ciudadanos".

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