Pedro Rodríguez: "No hay palabras para justificar este asesinato"

  • Autoridades y políticos transmitieron sus condolencias a la familia

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El tanatorio del Atlántico se convirtió en la noche de ayer en punto de encuentro para los ciudadanos onubenses y para los representantes de la clase política onubense.

El delegado del Gobierno en Huelva, Justo Mañas, fue de los primeros en llegar al lugar en el que se encuentra el cuerpo de Mari Luz Cortés para dar su más sentido pésame a los familiares. El alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, acudió acompañado por miembros de su equipo de Gobierno como Carmen Sacristán, Pilar Miranda, Felipe Arias o Ángel Sánchez, y no dudaba al manifestar ante la prensa que "no hay palabras para justificar este asesinato".

El delegado del Gobierno, Juan José López Garzón, también transmitió en primera persona sus condolencias a la familia, así como el subdelegado del Gobierno en Huelva, Manuel Bago. Los concejales socialistas Manuela Parralo, Elena Tobar, Isabel Delgado, Manuel Gutiérrez y José Fernández, acompañaron en el sentimiento a los Cortés-Suárez.

Por su parte, el presidente de la Junta, Manuel Chaves, remitió un telegrama a la familia en el que trasladaba su "más sentido pésame" y ofrecía el apoyo de la Junta de Andalucía "en estos trágicos momentos", condolencia a la que se unían los cabezas de lista en la región de PP, IU y PA, Javier Arenas, Diego Valderas y Julián Álvarez, respectivamente.

De otro lado, más de un centenar de vecinos, la mayoría de la barriada de El Torrejón, rompían el cordón policial establecido en la rotonda de acceso al tanatorio para mostrar su apoyo a la familia. Ya en el interior de las instalaciones, uno se topaba de frente con el dolor amargo, la rabia y la desesperación. Y es que los familiares de Mari Luz recibieron ayer un duro golpe del que tal vez no se recuperen nunca. Los pasillos del tanatorio fueron tomados por las lágrimas y los innumerables alaridos de dolor. Los más estremecedores, sin duda, fueron los de la madre de Mari Luz, Irene Suárez: "¡Dios mío, para qué me la diste si ahora me la has quitado!", repetía una y otra vez mientras tenía que ser atendida por los sanitarios.

La sala uno del centro tuvo que ser habilitada para atender a los familiares y amigos de la niña que sufrieron constantes ataques de nervios y ansiedad durante toda la noche.

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