Media vida en el camping La Bota

  • Encargado de mantenimiento

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Eduardo nació hace 42 años en Santa Bárbara de Casa, pero ha dedicado más de media vida a cuidar del mantenimiento del camping La Bota (Punta Umbría) y ha ganarse a pulso la simpatía y el cariño de los clientes que vuelven cada temporada vacacional no sólo para disfrutar del maravilloso paisaje de la zona, sino también de su buena compañía. "Tengo amigos holandeses, ingleses, alemanes... y, aunque no domino los idiomas, me entiendo con ellos divinamente". Y es que todo es ponerse, sobre todo cuando a uno le gusta su trabajo.

De su pueblo natal se marchó cuando tenía 22 años. Sus padres le habían dejado como herencia una pastelería "en la que no me gustaba mucho trabajar, era muy sacrificado". Allí fue donde conoció a su esposa, Sampedro Escudero, "cuando yo tenía 14 años y ella 13; espero que duremos muchos años más, porque es mi mejor amiga, mi compañera más fiel".

Para eludir el servicio militar, que pretendía arrancarle de su tierra para llevarle a Vitoria, "decidimos casarnos cuando yo tenía 19 años y tener un hijo". Un año tuvo que estar separado de su retoño y de su amada para emigrar a Punta Umbría. La avanzadilla entonces "fue mi hermano, que vino al camping para podar algunos árboles y yo ya me enganché a su tren". Su alojamiento era por aquel entonces "la pensión de un amigo que no me cobraba nada, aunque tenía que volver al pueblo cada fin de semana porque tenía que alquilar mi habitación". Esta situación tan incómoda llegó a su fin a los dos años, cuando su mujer empezó a trabajar también en el camping. Ahora "vivimos en el camping y tenemos aquí nuestra casita". Eduardo asegura que "me conozco las instalaciones como la palma de mi mano y no necesito planos para arreglar una tubería o un cable". Adora de su trabajo "que todo esto es muy familiar y se hacen buenos amigos que vuelven año tras año".

En sus ratos libre, que son pocos, "ya que este trabajo dispone de mí las 24 horas del día", dedica su tiempo a jugar al fútbol con los amigos o a surcar a lomos de su flamante bicicleta los verdes pinares de la costa de Huelva.

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