¡He venido a hablar de La Niña!

NO lo imaginan. Ocurre de verdad. Otra vez La Niña. Pero peor. Los días pasan y el fenómeno, lejos de decrecer, se expande. Ahora tiene nombre. Se llama Victoria Esperanza. Ahí va la explicación de Mariano Rajoy, el papá: "Victoria tras la victoria y Esperanza tras la victoria". Puede que sí, puede que el cerebro del gran líder, de sus asesores, del PP al completo y hasta de quienes les siguen en campaña se haya atrofiado ante la repetición abusiva mitin-debate-mitin. La Ceja, ese paralelismo edulcorado, lo confirma. Aquí no quedan cuerdos. Don Quijote por fin puede aspirar a algo en la vida.

Erre que erre. Victoria Esperanza es casi Victoria Federica. Podría haber sido un guiño a la familia real, tan necesitada de cariño. Pero Rajoy ha cambiado Federica por Esperanza y, aunque atribuya a la elección un componente literal, lo cierto es que en la mente de los malos parpadea de inmediato la conexión con Aguirre. No el de la Cólera de Dios de Herzog sino la de la Comunidad de Madrid, posible sucesora en caso de descalabro. Seguro que a Gallardón el bautismo no le ha gustado un pelo.

Victoria Esperanza, qué sonoridad. Las cuerdas vocales no se cansan de pronunciar este par de palabras en voz alta. En verdad, es toda una revelación. Confirma que en la política española prima la filigrana dialéctica sobre las propuestas que sí pueden embellecer la vida del votante. Los dirigentes de este país han demostrado en 15 días un peligroso apego a la frivolidad. Si la otrora recta Francia ha sucumbido al estilo bufo de Sarkozy -se ha dado cuenta demasiado tarde de que nació para estrella del rock y no para estadista-, si Italia lleva siglos animando el patio con Cicciolinas y Berlusconis, ¿no pueden ellos permitirse alguna payasada?

Cita textual de un teletipo: "Para los populares, la niña expresa un concepto de hacer política frente a la tensión, el dramatismo y la crispación que pretende el presidente del Gobierno". Es decir, que frente a la bronca, positivismo. Ésta es otra de las genialidades del sistema. Quien hasta ayer apostaba por una línea estratégica reniega de repente y asume la que promulgaba el adversario. Si antes Zapatero era el adalid de la alegría, ahora ejerce de ogro. Y donde hay un malo no caben dos. Exigencias de la estructura narrativa.

Rajoy, por tanto, es el bueno. No quiere pelea. ¿Crispar? ¿Pero eso qué es? Amigos, respeten el guión. Sólo cuenta Victoria Esperanza. Repasemos con ella todo lo que hará el PP si gana. Estatut. Aborto. Homosexuales. ETA. Trasvase del Ebro. Consejo General del Poder Judicial. Merkel. ¿Bush? La lista intimida. Necesitarán ánimos, refuerzos, manos dispuestas a ayudar. Den un paso al frente los voluntarios. PNV. CiU. ERC. IU. ¿Dónde está el entusiasmo? ¿Dónde las adhesiones? Ay, los buenos.

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