"El terrorismo y la unidad de España preocupan en el Ejército"

  • El ex jefe militar destituido revela que el origen de su polémico discurso en la Pascua de Sevilla fueron las "preocupaciones" que recopiló en las visitas a sus unidades

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Su célebre y controvertido discurso de la Pascua Militar de 2006 en Sevilla levantó un temporal político que sólo su pase a la reserva amainó. Dos años después de riguroso silencio, José Mena (Palencia, 1942) pasa revista al desafortunado episodio que dilapidó su carrera en el libro Militares. Los límites del silencio, con el que retorna a las pantanosas aguas de la política.

-Ha guardado dos años de largo silencio desde su cese fulminante como jefe de la Fuerza Terrestre. ¿Pretende ahora desquitarse con este libro?

-No. Quiero hacer una aclaración porque en aquellos momentos se dijeron cosas que no respondían a la realidad y porque tampoco estaba en condiciones de hablar ya que me lo impedía el régimen disciplinario de las Fuerzas Armadas (FAS). Ahora como ciudadano y militar retirado no tengo esas limitaciones, y por eso he creído que era el momento de hacerlo.

-¿Cuál es la intrahistoria de su polémico discurso de Sevilla?

-Lo que dio origen a mi discurso son las visitas que había hecho a las unidades militares, donde tanto mandos como subordinados me trasladaron la preocupación que había en las Fuerzas Armadas (FAS). El Estatuto catalán fue la última y la más llamativa.

-¿Se sintió abandonado por quienes espolearon su arenga contra el Estatut?

-No me sentí solo. Cuando elaboraba aquel discurso pensé en que me enfrentaría solo, pero luego pude comprobar que no. Fueron muchos miles de españoles los que me expresaron su agradecimiento, y en las FAS sólo me sentí desamparado por la cúpula del Ejército de Tierra. La ausencia de mensajes públicos de militares en activo obedeció a la limitación de la libertad de expresión castrense aunque me hicieron llegar en masa sus sentimientos, en contra del mensaje que esos días dio el Gobierno. El portavoz de entonces del PSOE dijo que Mena había cosechado la soledad en las FAS, y eso es una falsedad absoluta.

-¿Cuál fue la primera llamada que recibió exigiéndole explicaciones?

-La primera fue la del responsable del Estado Mayor del Ejército interesándose por ese discurso, porque le había llegado tanto al presidente del Gobierno como al ministro de Defensa, ambos en la Pascua Militar del Palacio Real de Madrid.

-Y luego llegó la sanción...

-La sanción me la impuso el ministro de Defensa (José Bono) después de una audiencia que, en términos jurídicos nuestros, se denomina el trámite de audiencia. Me tuve que desplazar de Sevilla a Madrid y, una vez concluido el trámite, me comunicó la imposición del arresto domicialiario.

-De sus palabras de entonces y de las de ahora se desprende que la política es algo más que un tema de debate en las FAS...

-No es que sea un tema de debate sino que es un tema de preocupación. El militar es un ciudadano, lo que ocurre es que tiene limitaciones. Pero piensa y siente aunque vive en un silencio casi total.

-¿Y cuáles son las cuestiones que más preocupan en el Ejército?

-Sigo manteniendo contacto con numerosos miembros de las FAS aunque con muchos otros esos contactos ya se han roto, y las mayores preocupaciones son sobre la unidad de España y el terrorismo.

-Aún hoy inquieta que los militares opinen sobre la política. ¿Comparte que, como ocurre ahora, se les limite la libertad de expresión respecto de estas cuestiones?

-Es necesario que los militares tengan límites pero esos límites no tienen que ser totales y absolutos porque eso llevaría al militar al silencio absoluto. Eso sí sería perjudicial.

-En su libro llega a hablar de servilismo al poder civil...

-Hablo de disciplina, no digo que haya servilismo. Subordinación al poder civil sí pero servilismo al poder civil no. Lo que reivindico es que el derecho a la libertad de expresión tenga unos límites y que se establezcan los temas de los que se puede hablar e, incluso, las sanciones.

-Pero esto es algo que ya existe...

-Pero está muy difuso.

-En su libro vuelve a retomar la senda de la política, donde reclama una "regeneración democrática". ¿Cuáles son, a su juicio, los achaques de la democracia?

-Los cuatro grandes males de la democracia son la hegemonía de los partidos, la ley electoral, la indefinición de las relaciones del Estado con las autonomías y la educación. Planteo la reforma de la ley electoral, que haya acuerdos de Estado entre los partidos mayoritarios y abogo por tres cosas más: consenso, consenso y cosenso.

-Su discurso le ha valido el estigma de golpista...

-Eso es un insulto porque yo me encuentro alejado del golpismo. Es un insulto también a la inteligencia porque un golpe de Estado no se da en un salón del trono de Capitanía, vestido de gala, con los medios de comunicación, con la representación de las autoridades civiles y con representantes de las instituciones sevillanas.

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