Carod deja paso sólo a medias

  • El vicepresidente de la Generalitat no optará a la reelección como presidente de ERC, pero avalará a un candidato de su cuerda que deberá competir en el congreso de junio con otros tres aspirantes al puesto

Parece más de lo que es. Josep Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat y vértice de la pirámide jerárquica de ERC, anunció ayer que renunciará a la puja por la Presidencia del partido en el congreso del 14 y 15 de junio. El paso atrás, que podría interpretarse a bote pronto como una capitulación ante su número dos, Joan Puigcercós, no es tal porque Carod aclaró que su decisión no implica dejar de encabezar las listas en las elecciones catalanas de 2010.

Su maniobra es inteligente. Cede ante quienes piden la renovación ejecutiva de Esquerra y evidencia con su gesto que otro dirigente tan veterano como él -Puigcercós lleva en la cúpula exactamente los mismos años- prefiere aferrarse al timón de mando e incluso reforzar su ascendencia. La cita de junio será una trapisonda. Hasta cuatro aspirantes podrían competir por hacerse con las riendas. Está la candidatura de Puigcercós, quien recientemente dimitió como conseller de la Generalitat para centrarse en ERC, pero Uriel Bertran, comandante de la corriente crítica Esquerra Independentista, ya se ha postulado como alternativa. Quizás le siga pronto el ex consejero Joan Carretero, pionero en esto de las vías contestatarias con su Reagrupament. Y Carod desvelará en breve los nombres de una cuarta opción integrada por gente de su cuerda.

Ningún flanco ha quedado completamente al descubierto. El vicepresident es consciente de que sus rivales pueden torpedear incluso sus ganas de repetir como primer espada cuando toquen los comicios, por lo que accedió a celebrar unas primarias si alguien más opta al título. Predisposición al entendimiento y docilidad no son sinónimos. Carod también marcó su terreno. "Una cosa es renovar lo que se ha visto que no funciona [en referencia a la estructura del partido] y otra es que nadie debería plantear la renovación de lo que ya funciona". En su opinión, los resultados obtenidos por ERC en las tres ocasiones en que él encabezó las listas son el mejor aval de su continuidad. En 1999, logró 12 escaños, que casi se duplicaron en 2003 (23 asientos) y cayeron hasta los 21 en noviembre de 2006.

La autocrítica, tan inusual en política como en la vida, irrumpió por sorpresa cuando reflexionó sobre los vicios habituales de la tercera formación del Parlament. Carod pidió a sus camaradas una catarsis más o menos inmediata para evitar la carcoma que ya se ha llevado por delante a pequeños como Izquierda Unida o Coalición Andalucista. "Debemos pasar de la resistencia, de una cultura de la oposición un poco antigubernamental, extrainstitucional y con tics periféricos a otra con vocación de mayorías, de gobierno y de seriedad que cumple los acuerdos y no genera sensación de inestabilidad".

La lucha que se avecina conduce a una interesante conclusión. El Congreso, que es lo mismo que Madrid en el argot catalanista, importa muchísimo. Incluso a un grupo secesionista que pasa de ocho a tres diputados y entiende entonces que debe repensar su estrategia. Puede que esta preocupación por la visión del conjunto sea la prueba inicial de que algo está cambiando en Esquerra. O puede que sencillamente a sus responsables les duela perder influencia y dinero público.

Y, a todo esto, ¿qué quiere exactamente Puigcercós? Por descontado, presidir el partido, pero tal vez algo más. Es difícil imaginar su anhelo de poder sin el complemento de una butaca destacada en un futurible Ejecutivo autonómico. Las entrañas de ERC seguro que apasionan, pero la chicha, el escaparate es la Generalitat. Aún tiene margen para confeccionar su táctica y responder con sutileza a la también fina maniobra de Carod. El riesgo inherente a esta historia es que degenere en una guerra fratricida. Ya ocurrió en el pasado. En el fondo, es lo que esperan CiU, rival en el terreno identitario, y el PSC, deseoso de gobernar sin los recurrentes amagos de traición de su socio.

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