Medio ambiente La sostenibilidad se cuela en la estrategia de las grandes compañías

Sevilla, nuevo laboratorio ecológico de Ikea

  • La multinacional sueca impulsa en su tienda de Castilleja un proyecto de energía solar que supervisará la Universidad de Oxford

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"Vendemos a precios baratos, pero sin que la naturaleza pague precio alguno por ello". A esa declaración de intenciones se sumaría el directivo de cualquier compañía en su sano juicio -más en tiempos en los que el imperio del lenguaje políticamente correcto se atrinchera en los consejos de administración-, pero el juego de palabras cobra más sentido cuando lo esboza el responsable de Medio Ambiente y Responsabilidad Corporativa de Ikea, una multinacional que nutre su catálogo con miles de toneladas anuales de madera, plásticos o algodón. Y eso, con la guadaña del cambio climático pendiendo sobre el planeta, es, a juicio de Thomas Bergmark, más una obligación que una mera etiqueta de marketing.

Ikea ha maquinado durante meses su propio plan de sostenibilidad y esta semana eligió la Expo 2008 de Zaragoza para desgranarlo. Jugaba en casa: ejercieron de escenarios el pabellón de Suecia (el país que vio nacer el imperio del mueble funcional alumbrado por Ingvar Kamprad en 1943) y la propia muestra, enfocada hacia la defensa de los recursos hídricos pero que hace de la bandera verde su razón de ser. En ese marco lanzó Bergmark su propuesta: no existe silla a 29 euros ni sofá a 199, por muy buenos resultados económicos que aporten, que justifiquen la tala de árboles protegidos, la contaminación de un río, la emisión desaforada de CO2 o la más burda explotación infantil.

En esa estrategia sostenible se ha colado Sevilla. La tienda de Castilleja de la Cuesta (la primera inaugurada por la cadena en Andalucía, a la que sumó en octubre de 2007 la de Málaga) ha sido elegida entre la red de 260 establecimientos de la multinacional como laboratorio de sus planes de sostenibilidad, una experiencia que compartirá con otras tres repartidas por todo el planeta (EEUU o Alemania). Sobre la azotea del centro comercial se desplegarán 4.000 m2 de placas fotovoltaicas que, aún a falta de los permisos pertinentes, a finales de agosto o principios de septiembre podrían generar hasta 300 Kw de electricidad en hora punta.

El proyecto va más allá de la mera apuesta por las energías renovables. Con cuatro proveedores que aportarán distintas soluciones tecnológicas, Ikea pretende elaborar a partir de los datos recabados en Castilleja un informe que le permita "identificar soluciones aplicables al resto de tiendas". Traducido, la multinacional pretende que la iniciativa de Sevilla le sirva como base de datos cuando decida repetirla en cualquier extremo del globo. "Así podremos saber qué potencia, qué superficie de placas o cuántas horas de sol necesitaremos para generar tal cantidad de energía si por ejemplo queremos instalarlas en una tienda de Suiza o de Arabia", explica Montserrat Maresch, directora general adjunta de Ikea Ibérica (España y Portugal). Y el motivo que justifica el enclave andaluz resulta obvio: "Queríamos que fuese Sevilla por las horas de sol al año". El impacto del proyecto, el "más avanzado" de los cuatro impulsados, lo avala la Universidad de Oxford, que se encargará de procesar los datos y elaborar el informe final.

"Ikea se hace renovable". Bajo el lema repetido esta semana en Zaragoza se esconde una catarata de cifras y actuaciones medioambientales. Por ejemplo, que el 75% de los materiales que utiliza la compañía acabe reciclándose, o que en otoño las tiendas de la cadena pongan en el mercado dispositivos que colocados en los grifos pueden reducir hasta en un 60% el consumo de agua. También figura en el ideario verde de Ikea la lucha contra las talas ilegales de árboles (sólo admite madera de proveedores certificados y hay incluso acuerdos firmados con las autoridades rusas, búlgaras y rumanas que incluyen el despliegue de brigadas forestales), la supresión de productos químicos en los procesos de fabricación, actuaciones que frenen el despilfarro de agua (se recolecta en las azoteas de las tiendas y se canaliza hacia los aseos) e incluso proyectos que reduzcan el uso del transporte privado en beneficio del público (los pedidos de gran tamaño se enviarían a domicilio, mermando así las emisiones de CO2 a la atmósfera).

Cerámica reutilizable, madera certificada, batalla a los pesticidas... En esa misión Ikea ha estrechado lazos con WWF, quizás la organización medioambiental más reconocida del planeta. "Nosotros queremos hacer cosas, pero son ellos los que nos asesoran porque son especialistas", reconoce un directivo de la cadena. En sus manos ha puesto Ikea, por ejemplo, la misión de hallar recetas que frenen los efectos de los procesos de fabricación y transporte en el medio ambiente, desde la producción sostenible del algodón hasta la búsqueda de materiales ecológicos.

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