fútbol división de honor

Victoria y salvación valverdeña

  • La Olímpica logra la permanencia matemática tras su triunfo por la mínima sobre el Conil y la derrota del Montilla en Coria

  • Samu marca el único gol

Los jugadores de la Olímpica celebran el tanto de Samu ante el Conil, que le daba tres puntos de oro. Los jugadores de la Olímpica celebran el tanto de Samu ante el Conil, que le daba tres puntos de oro.

Los jugadores de la Olímpica celebran el tanto de Samu ante el Conil, que le daba tres puntos de oro. / j. monterroso

Se queda. Y ésto sí es verdad, Gerard. La Olímpica ya respira tranquilamente tras su triunfo por la mínima frente al Conil y la derrota del Montilla en Coria. A falta de dos partidos. Y parece mentira, tal y como se han sucedido los acontecimientos. Tres entrenadores, varias bajas y multitud de lesionados después, los verdiblancos serán un año más equipo de División de Honor Andaluza. Y ya van unos pocos.

Habrá algún año en el que la permanencia no sea el único objetivo. Mientras llega ese momento, la salvación les sabe a gloria a los dueños del Javier López, que, ahora más que nunca, maldicen la finalización de la temporada. Los de José Santizo -ayer, en la grada- se encuentran en su mejor momento. Han hecho de la defensa y el contragolpe un escudo impenetrable. El Conil tomó buena muestra de lo que escribo.

Y faltaban Víctor Pachón y Paco. Y sigue necesitando un delantero goleador. Por ello, el triunfo frente a los gaditanos pesa muchos quilates. El único gol lo anotó Samu, que no es un jugador diez por sus excesivos enredos. Completó un partido sensacional, contagiado por la entrega de sus compañeros y bronceado por un tanto excepcional. Contragolpe, cómo no, conducido sin pisar líneas, balón medido al segundo palo de Ordóñez y remate acrobático, adornado por el golpeo del esférico en el travesaño.

Fue la única ocasión clara para los locales, porque la otra la eliminó de un plumazo el banderín del asistente señalando un fuera de juego inexistente de Samu, cuando se quedaba solo con el portero. Y me la juego a rearbitrar la acción, porque yo también estaba en línea con el defensa. El resto del encuentro consistió en intentos locales de puñaladas sin profundidad ni sangre.

El Conil entendió el ofrecimiento y dominó todo el encuentro. Sobre todo, la segunda parte, con la Olímpica totalmente sumisa. Gustándose en su papel de dócil, manejable y disciplinada. Cincuenta sombras del Javier López. Algo así. Pero aquí hubo poco de lo otro. Excepto un disparo endiablado de Alberto, el conjunto de Javi Zafra no agobió. Acoso sin derribo. Como si el segundo puesto no fuera una meta lo suficientemente deliciosa.

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