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Sainz, una leyenda viva al volante

  • El madrileño conquista su segundo Dakar en la despedida de Peugeot de la mítica prueba

Carlos Sainz celebra sobre su Peugeot el triunfo en el Dakar 2018. Carlos Sainz celebra sobre su Peugeot el triunfo en el Dakar 2018.

Carlos Sainz celebra sobre su Peugeot el triunfo en el Dakar 2018. / david fernández / efe

Carlos Sainz conquistó el Dakar 2018, el segundo de su carrera, al terminar el rally con más de 43 minutos de ventaja sobre el qatarí Nasser Al-Attiyah (Toyota).

El madrileño celebró su triunfo subido encima de su Peugeot, marca que dice adiós a la prueba con un triunfo, junto a su copiloto Lucas Cruz, tras terminar los 120 kilómetros cronometrados de la decimocuarta y última etapa, ganada por el sudafricano Giniel De Villiers (Toyota), quien logró el tercer lugar en la clasificación general. Sainz volvió a vencer en el Dakar tras haberlo hecho antes en 2010 al volante de un Volkswagen y después de cinco abandonos consecutivos en los años precedentes por averías o accidentes que lo dejaron fuera de la carrera.

Estoy muy feliz; el triunfo es una recompensa merecida para mí y para Peugeot"

El del español fue el único de los cuatro coches de Peugeot en el podio cuando al inicio de la carrera la casa francesa aspiraba a copar las tres primeras posiciones, como hizo el año pasado gracias a la superioridad de su prototipo, creado especialmente para el Dakar. Sin embargo, los galos Stephane Peterhansel, Sebastien Loeb y Cyril Despres, compañeros de equipo de Sainz, sufrieron una serie de percances a lo largo de la carrera que los dejaron fuera de concurso o sin posibilidades de victoria.

Con este labrado triunfo, Sainz es, con 55 años, doble campeón del Dakar (2010 y 2018) y también doble campeón del mundial de rallys (1990 y 1992), una combinación sólo superada por los finlandeses Ari Vatanen (un mundial y 4 Dakar) y Juha Kankkunen (4 mundiales y un Dakar). Nacido el 12 de abril de 1962 en Madrid, este éxito convierte a Sainz en el español con más victorias en el Dakar en coches, seguido por Joan Nani Roma, que venció en 2014.

Desde que en 2006 debutase en esta cita, tras retirarse dos años antes del mundial de rallys, el compromiso de Sainz con la carrera fue constante, y casi absoluto, hasta convertirse en una cara fija con una sola ausencia (2012) en las últimas doce ediciones. En este tiempo disputó la prueba con tres fabricantes y es uno de los pocos pilotos que lo ha ganado con dos marcas distintas, la alemana Volkswagen (2010) y ahora con la francesa Peugeot (2018), sin que pudiera hacerlo con un Buggy.

Sainz alternó grandes alegrías, como sus dos históricos triunfos en el rally, acompañados de 31 etapas ganadas, con agudas decepciones como los seis abandonos que le tocó afrontar, cinco de ellos de manera consecutiva hasta este año. Especialmente dolorosos fueron los de 2009, cuando su coche terminó volcado en un barranco de cuatro metros de altura por un error en el libro de ruta, y 2017, cuando su Peugeot acabó destrozado al salirse de la pista y caer por un terraplén dando varias vueltas de campana. Curtido en esas lides, Sainz fue en este Dakar aún más reservado que de costumbre y extremó al máximo sus precauciones. "Ya queda un día menos", decía cada vez que se bajaba del coche tras terminar una etapa. Ayer por fin pudo derramar de nuevo alguna lágrima, como cuando hace ocho año logró su primer Dakar.

En motos Matthias Walkner (KTM) se convirtió en el primer austriaco en ganar el Dakar, precisamente sobre una motocicleta austriaca que domina la prueba desde hace 17 años, aunque esta vez Honda y Yamaha plantaron mucha más batalla.

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