La familia fallecida en Jerez carecía de recursos económicos

  • Vecinos de la pareja y su hijo menor fallecidos el sábado por inhalación de gas relatan el trágico suceso · Evitaron una explosión al apagar el butano con el termo en llamas

En el bloque 10 de la plaza Sinfonía, en San Telmo Viejo, nadie pudo conciliar el sueño en la madrugada del domingo. Los vecinos coincidían en las escaleras del bloque o en el portal en las largas horas de insomnio. Las escenas aún demasiado frescas de la muerte de un matrimonio y su hijo menor por inhalación de gases en un uno de los bajos les impidió pegar ojo.

Sebastián Martín, vecino que dio la señal de alarma tras detectar un fuerte olor a gas, no podía quitarse de la mente las imágenes de Moisés Fernández (10 años) en la cama con convulsiones, y de Cristóbal Fernández (45 años) y Ana Jesús Gómez (41), a los que encontró, ya fallecidos, tumbados en el suelo del cuarto de baño, completamente desnudos y con las piernas entrecruzadas.

Sebastián fue el primero que accedió al interior de la vivienda y se encargó de sacar al niño, aún con vida. "La puerta siempre estaba encajada para que la hija (Nerea, 16 años), que no tenía llaves, pudiera entrar, así que no me lo pensé y entré". Momentos antes del levantamiento del cadáver, ya de madrugada, este vecino seguía algo aturdido, en parte por el impacto del suceso, en parte por inhalación de gases, pero aún tenía fuerzas para relatar lo acaecido: "había una niebla blanca, blanca, blanca y un olor a gas muy fuerte. Escuchaba unos tambores, los de la banda del vídeo de la procesión del barrio que estaba viendo el niño, al que encontré en la cama, agónico, con la cabeza hacia un lado y los ojos semivueltos".

Siguió buscando a los padres, que se habían encerrado en el cuarto de baño, al que accedió por una ventana desde la cocina. "Quité las hojas de la ventana y me metí por el hueco. Cerré el grifo porque la bañera estaba a punto de rebosar y allí estaban los dos, tumbados en el suelo, desnudos. Me di cuenta de que estaban muertos porque no respiraban y los tapé con una toalla".

Sebastián volvió al dormitorio del niño y lo sacó en brazos a la calle, donde el servicio de emergencias del 061 "hizo lo imposible" por reanimarlo, pero ya era demasiado tarde. Moisés Fernández ingresó cadáver en el Hospital de Jerez, al que fue trasladado en un último intento de salvarle la vida. Este vecino, que se jugó la vida en el empeño, todavía tuvo tiempo de desconectar el butano con el termo en llamas para evitar posiblemente una explosión que habría agravado el alcance del suceso.

La noticia corrió de boca en boca por todo San Telmo y, a mediodía del domingo, las inmediaciones del bloque 10 seguían siendo un hervidero de gente, vecinos y conocidos de esta populosa barriada en la que todo el mundo se conoce y que se acercaban para interesarse por el estado de los otros dos hijos del matrimonio Fernández Gómez y conocer de primera mano los detalles del trágico suceso.

Juan José y Francisco, dos jóvenes del barrio que atendieron la llamada de socorro de Sebastián Martín, seguían conmocionados el domingo por la mañana. "Llegamos al cuarto de baño e íbamos a sacarlos, pero nos mareamos y tuvimos que salir, luego nos dijeron que ya estaban muertos". Francisco no tiene palabras para explicar lo que vio. "Había una neblina, como cuando te levantas, pero ya no se podía hacer nada y nos salimos". Ya en el exterior, Juan José y Francisco seguían junto al bloque cuando llegaron los dos hijos mayores del matrimonio, a los que únicamente informaron de la muerte de los padres, no así del hermano, que les comunicaron el domingo a primera hora de la mañana. "No los dejaron entrar, pero era como si no estuvieran aquí. Ni lloraban. Estaban en otro mundo", dijo Francisco.

Francisco José Trujillo, presidente de la comunidad del bloque 10, también entró en el piso y se encontró con la trágica escena. "Me di cuenta enseguida de que estaban muertos, porque he estado muchos años en la Cruz Roja y los síntomas eran claros. El padre estaba tumbado boca arriba con los ojos cerrados y la madre, con las piernas por encima de las de él, tenía la boca entreabierta y los ojos vueltos".

Trujillo indicó que los vecinos se han puesto de acuerdo para hacer una colecta y comprar unas coronas para el funeral, que aún desconocen si podrá oficiarse el martes en la parroquia de San Pablo. Los restos mortales de Cirstóbal y Ana Jesús seguían el domingo en el Anatómico Forense de Cádiz, donde el lunes a primera hora de la mañana se les praticó la autopsia.

Las ventanas del bajo D amanecían el domingo con las persianas echadas. En una esquina en la pared exterior de la vivienda están escritos los nombres de la pareja, un matrimonio humilde y con escasos recursos apreciado en el vecindario. "Eran muy buenas personas. Él, muy trabajador, aunque había estado tres meses en el paro por una operación, y ella no se metía en nada. No merecían este final", sentenció Francisca (Paca), quien apostilló: "Cómo iban a arreglar lo del termo si ni siquiera tenían para comer".

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