Reyes Magos

Mágico desafío a la lluvia

  • El chaparrón llega al final, en la Plaza de la Constitución, pero la cabalgata se libra de la temida borrasca durante casi todo el recorrido

  • Los Reyes viven con "gran emoción" el desfile

El cielo respetó la cita de los Reyes Magos de Oriente con Huelva durante la mayor parte del recorrido. Llegó a salir incluso el sol, como un artificio mágico pese a las malaventuradas previsiones de las horas previas. El poder de Melchor, Gaspar y Baltasar, conjugado ineludiblemente con la decisión del Ayuntamiento de adelantar la salida una hora, hizo posible que el cortejo se desarrollara sin que el agua hiciera acto de presencia. El desafío a la lluvia fue acertado.

En vez de a las tres, por primera vez la cabalgata partió a las 14:00 de Los Desniveles, con puntualidad británica. A toda prisa. De hecho, en apenas unos minutos ya había bajado las calles Legión Española y Niágara de La Orden y tomaba la carretera de Gibraleón para plantarse en un periquete en el Humilladero de La Cinta. "A este paso no cogemos ni un caramelo", le refería un hombre a su hijo mientras trataban de cortar camino para alcanzar la comitiva.

Así, a toda velocidad para intentar evitar el diluvio, se introdujo el cortejo real en la barriada del Carmen y, del mismo modo, deprisa y corriendo, llegó a Las Colonias. La primera vez que la Policía ordenó que se aminorara el ritmo fue muy cerca de la Comandancia de la Guardia Civil.

La Estrella de la Ilusión, la cantaora Ana de Caro, fue aclamada por sus seguidores a lo largo de todo el recorrido. Brilló la onubense, que se atrevió a tirar caramelos al mismo tiempo que cantaba un fandango de Huelva para una televisión local.

Los onubenses acabaron dando doble uso a los paraguas. Aunque no les hizo falta a los que presenciaron la cabalgata desde La Orden a Isla Chica, donde por primera vez la lluvia haría acto de presencia en el mágico 5 de enero de ayer.

La barba blanca del Melchor más deportivo, el bicampeón del mundo de duatlón Emilio Martín, iluminaba los ojos de los pequeños a su paso. "Me acuerdo de mi hijo y de mis familiares que no están", dijo su majestad en un instante del recorrido. La Banda de la Santa Cruz puso la marcha a este tramo del cortejo.

Tocaba de nuevo tirarse al suelo a recoger caramelos. Porque de eso, de caramelos, sí que hubo un auténtico diluvio ayer en Huelva. Se repartieron 14.200 kilos, casi cuatro millones de dulces que bien valieron el cuerpo a tierra de niños y mayores. Hasta los Bomberos de Huelva, que cerraban el cortejo, se sumaron a la iniciativa de tirar caramelos por la ventana para sorpresa de los presentes.

Antes de las 16:00 el desfile ya había recorrido todo el centro. Especial mención hay que hacer de La Palmera, donde cientos de onubenses se arremolinaban para vivir de lleno la tarde más emocionante del año. Entretanto, desde las carroza llovían también serpentinas y confetis, concretamente 168.000 rollitos de las primeras y 840 kilos de los segundos. Casi nada.

Desde lejos llamaban la atención de los críos los enormes pájaros que adornaban la carroza del rey Gaspar, al que dio vida Eduardo González, camarero del restaurante Azabache desde hace un decenio. La Banda de la Sagrada Cena puso el ritmo a este segmento de la cabalgata. Era imposible no mover el esqueleto.

Pablo Rada, San Sebastián, las avenidas de Andalucía y de Galaroza. En Huelva no cabía un alfiler y el tiempo lo respetaba todo. Por el momento, claro. El más aclamado de los tres Reyes Magos, el favorito de los niños, cerraba el cortejo real con su carroza blanca con motivos africanos (elefantes incluidos) y con Alberto Domínguez, el carismático reportero gráfico de Huelva Información, en el trono. Batió el récord en el reparto de caramelos. Un chaparrón en toda regla para todo el que pasaba junto a esta carroza, precedida por la música tradicional y onubense de La Salud de Oriente.

Cuando la cabalgata llegó al antiguo estadio Colombino, en Isla Chica, Federico Molina estaba a rebosar y aparecieron las primeras gotas de lluvia. El viento húmedo cortaba la respiración y los paraguas se empezaron a dar la vuelta. Eran sólo unas gotas, pero el desfile aceleró de nuevo el paso y, en un santiamén, se plantó en la Alameda Sundheim y se adentró en la Gran Vía. La gente se refugió en los soportales.

Noche cerrada ya, llamaba la atención el despliegue policial por la avenida de Martín Alonso Pinzón. Más de 150 personas han conformado el dispositivo de seguridad de la cabalgata, entre ellas 50 efectivos de la Policía Local, con ocho motos y 12 vehículos; el jefe de servicio de Protección Civil y 15 voluntarios entre técnicos de emergencias y socorristas auxiliares, dos ambulancias, un vehículo de coordinación y un vehículo de intervención rápida; cinco bomberos y numerosos agentes de la Policía Nacional.

Cuando los Reyes arribaron al ayuntamiento y descendieron de sus carrozas se fundieron en un abrazo sincero con el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz. Todos -también la Estrella de la Ilusión- coincidieron en que no podrán olvidar jamás los días 4 y 5 de enero de 2018. La cabalgata la vivieron "con gran emoción" y así se lo expresaron al público, al que desearon salud y buenos deseos y que hoy se hayan levantado con muchos regalitos. Se acortaron los ovacionados discursos debido al diluvio. Los Magos se marcharon. Les quedaba una lluviosa noche de arduo trabajo por delante.

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