Guía de viaje para las próximas dos semanas

  • En el abecedario reducido del 25-M destaca la triple A que conforman Javier Arenas, Mercedes Alaya y la abstención

Se abre el telón y sobre el parqué aparecen las siguientes referencias: novenas elecciones andaluzas; azul contra rojo; opciones reales de cambio; tercera vez, tras 1982 y 1990, en que la comunidad vota por separado, sin la pegatina de unas nacionales; 15 días de promesas improbables y una guinda en forma de escrutinio la noche del 25-M. A continuación, un resumen de las claves que marcarán la partida.

A de Arenas. O de abstención. O de Mercedes Alaya. En cualquier caso, triple A. El candidato del PP, tres veces derrotado por Chaves, no se verá en otra igual. Todos los sondeos le dan la victoria. El CIS, en el último, sitúa la distancia con los socialistas en 7,2 puntos. En las generales la brecha fue de nueve. Arenas no cae bien. Su equipo tampoco parece especialmente brillante. Pero Andalucía es el último gran dormitorio sin ventilar del Estado autonómico. Hasta Cataluña, Galicia y el País Vasco, las otras históricas, conocen ya el término alternancia. Respecto a la abstención, un dato: es mayor cuando los comicios se celebran separadamente. La peor marca, de hecho, en 1990 (44,66%). La juez Alaya también pesa: esta semana toma declaración al ex director general de Empleo, Francisco Javier Guerrero (ERE gate). En breve comparecerá su polémico chófer. Espesa mancha de alquitrán para Griñán.

B de bisagra. Un rol que podría desempeñar IU si el PP no llega a los 55 escaños necesarios para aplicar el rodillo. O UPyD si logra el diputado que algunas encuestan le adjudican en Sevilla (o en Málaga). El PA es una incógnita con muy mala pinta. Y la irrupción de EQUO sería un milagro.

C de Chaves. El gran ausente. El líder que apaciguaba familias y sensibilidades socialistas. El hombre que se distanció de su sucesor. Más hábil que Griñán en la política, menos en la retórica. Sin su batuta, han florecido las rencillas, los celos, las listas peleonas.

D de déficit. Las cuentas de la Junta a cierre de 2011 arrojan un desfase del 3,22% frente al 2,94% promedio de las comunidades autónomas. La deuda pública se situaba en el 9,5% del PIB en el tercer trimestre del año pasado, según datos del Banco de España. El objetivo de déficit autonómico para 2012 será duro: un 1,5% de media. La Administración andaluza entrante tendrá que recortar mucho más (sanidad, educación, Canal Sur, organismos autónomos, fundaciones, personal laboral). La referencia es Cataluña, hoy un auténtico hervidero.

E de ERE. El escándalo. Corrupción con mayúsculas. Prejubilaciones que beneficiaban a personas que nunca habían trabajado en las empresas reestructuradas. Siete altos cargos de la Junta imputados (incluido el ex consejero de Empleo, Antonio Fernández). El PP también ha señalado al mismísimo Griñán. Sin consecuencias, de momento.

G de Griñán. El hombre que no supo reinar. Y el primer socialista que perderá unas elecciones en Andalucía, el granero de votos más importante del partido en España. En el mejor de los casos, gobernará en coalición con IU, una mezcla potencialmente explosiva. Con dificultades, ha desactivado distintas rebeliones internas, demostrando que su perfil es más técnico que mesiánico. Se le ve abatido, ojeroso, anticipadamente derrotado.

H de hegemonía. Ocho elecciones y 30 años de autonomía después, Andalucía sólo ha conocido unas siglas al mando. Tanto los presidentes preautonómicos -Plácido Fernández Viagas y Rafael Escuredo- como los posteriores a 1981 -además del propio Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves y actualmente Griñán- son socialistas. En 2008, el PP logró tu mejor resultado: 47 diputados frente a los 56 del PSOE. 1996, el año de la caída del felipismo y del inicio del aznarato, quedará en la hemeroteca como uno de los grandes fiascos de Arenas: partía como favorito y acabó a 12 escaños (40 versus 52) de Chaves.

I de influencia. La que puedan ejercer sobre sus respectivos apadrinados (y sobre los votantes) Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. El primero vendrá seis veces. El segundo prácticamente vive aquí.

J de Jaén. La provincia pierde un escaño por población y se queda con 11. Lo gana Málaga, que sumará 17, uno menos que Sevilla.

K de kilómetros. Los principales candidatos recorrerán unos 5.000 por barba. El PP celebrará 26 mítines. UPyD gastará 530.000 euros. El PSOE recortará su presupuesto de campaña hasta un 20% respecto a los casi cuatro millones invertidos en 2008.

M de mayoría. La absoluta está en 55 escaños (109 en total). Con menos, Arenas sólo pisará palacio bajo una difícil premisa: que UPyD logre los escaños del desempate y se los preste en la sesión de investidura.

N de nacionalismo. El Partido Andalucista se apartó hace años de aquella fórmula seminal moderada y práctica (PSA) para abrazar discursos más próximos a la escuela de CiU o, en menor medida, del PNV. Pero la marca identitaria vende poco en Andalucía. Fuera del Parlamento por primera vez en 2008, el equipo de Pilar González es consciente de que otro fracaso borrará esta opción del mapa.

P de paro. Una superlacra. La región con más parados (1.248.500 según la última EPA) y mayor tasa (31,23%) es un hoyo para los jóvenes -el 55% no tiene empleo- y una vergüenza estadística en España y Europa. Ningún gobierno arreglará el problema porque la clave está en la actividad económica y no en la ley. Pero los candidatos deberán ser cuidadosos (y a ser posible fundadamente optimistas) al tratar el tema.

S de Sevilla. Y Málaga. Y Cádiz. Este trío concentra 50 de los 109 escaños de la cámara andaluza. Cualquier sorpresa, cualquier pequeño traspié se hará notar en el recuento final. Huelva y Jaén son las provincias con menos peso (11 asientos cada una). Córdoba y Almería están en 12.

T de Twitter. Se supone que las redes sociales implican proximidad y debate, aunque los políticos (o sus negros al teclado) demuestran generalmente poca pericia en estos entornos.

V de Valderas. Ya dijo el líder de IU que Andalucía no es Extremadura. Una alianza total o parcial con el PP es impensable. La novia de Valderas se llama Griñán. Si las matemáticas lo permiten, claro. Y si el PSOE traga con las exigencias que plantee. Imaginen a Sánchez Gordillo de consejero. Mítico.

Z de Zapatero. Dos bazas tienen los socialistas para suavizar la derrota: la austeridad aplicada desde Madrid (más recortes e impuestos) y la caída en el olvido del ex presidente.

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