Arenas sube un escalón inestable

  • El presidente del PP lleva a cotas históricas a su partido, pero su cuarta derrota levantará de nuevo las especulaciones sobre su billete de vuelta a Madrid, como en 1996

Javier Arenas vivió ayer una nueva jornada agridulce. Ha llevado a su partido a registros inauditos, históricos, pero las expectativas eran más ambiciosas, de proporciones legendarias: derrotar al PSOE de Andalucía. Arenas, siempre educado, celebró el primer triunfo del PP en unas elecciones autonómicas, la subida de un nuevo peldaño desde que en 1993 empezara a imponer su impronta en el partido hasta conseguir una formación moderada que ha logrado un amplio respaldo entre los andaluces. Pero fue un ascenso insuficiente, y personalmente, a un escalón crepitante, que amenaza con romperse: esta cuarta derrota abre inevitablemente una transición en la cúpula del partido.

Los resultados de ayer tienen similitudes con las elecciones de 1996, las únicas en las que el PP acongojó al PSOE, entonces por una posible alianza con IU que ahora resulta impensable. En los días que vienen se recordarán algunas de las consecuencias de aquellos comicios, como las erróneas previsiones de las encuestas, pero también sobre el futuro de Javier Arenas, que entonces tomó billete de ida a Madrid para enrolarse en el Gobierno de José María Aznar, donde estuvo en tres ministerios y fue el número dos del partido.

Arenas podría haber comprado ayer billete para ese AVE de ida y vuelta. Sus relaciones con Mariano Rajoy son cordiales, compartieron consejos de ministros y el andaluz fue el gran valedor del ahora líder del PP en 2008, cuando le apoyó en la pugna por la sucesión que encabezó Esperanza Aguirre. La formación andaluza consiguió quitarse el sambenito de que nunca contribuía a una victoria nacional; en noviembre, aupó a la Presidencia a Rajoy y con esos resultados pareció más que posible el asalto a la Junta.

Pero justamente esa victoria y el amplio margen de la misma con el PSOE han sido contraproducentes para Arenas. La ansiada separación de elecciones tampoco ha sido jubilosa. Las decisiones del Gobierno central han resucitado al alicaído votante de izquierda y el enemigo ha estado en casa, con desaconsejables anuncios de subida del paro, recortes y la aprobación de una reforma laboral nada aconsejables en periodo electoral. El discurso de PSOE e IU sobre los posibles recortes en sanidad, educación o servicios sociales, que encontraron respaldo en las polémicas medidas ya tomadas por el Gobierno central en cuatro meses han calado en el electorado andaluz, sensiblemente dispuesto a aceptar el voto progresista.

Pese a que filas adentro, el PP admite que estas medidas le han hecho un flaco favor a sus expectativas electorales (también habría que analizar los inconvenientes de ponerse de perfil en una campaña electoral, sin riesgos), Arenas seguirá al lado de Rajoy. Vinculó su futuro político al del ahora presidente del Gobierno, aunque también lo hizo con José María Aznar y luego aparcó su retirada. Arenas es un político con una amplia trayectoria, pero a sus 54 años es aún joven y aprovechable. La opción más oscura es que pase a un segundo plano, a ser un senador con una perspectiva nacional, y deje el grupo parlamentario a algún diputado aventajado, posiblemente a un alcalde. Pero Arenas, que ha laminado a la oposición interna hasta ser casi la única imagen identificable del PP andaluz, conserva mucha cuota de poder.

Igual que resultaba impensable que un candidato derrotado aspirase a una cuarta oportunidad (lo consiguió esta vez al pasar de 37 a 47 diputados en 2008), Arenas sabrá rentabilizar ahora que su partido ha sido capaz de vencer por primera vez al PSOE. Una quinta candidatura es hoy inimaginable, imposible, por lo que el PP andaluz tendrá que iniciar un proceso que ha dejado años al margen, precisamente, por la influencia de Arenas, que no ha querido a su lado a ningún delfín. En las quinielas figurará algún alcalde, como el de Córdoba, José Antonio Nieto, o el de Motril, Carlos Rojas, pero estas predicciones son aún tempranas. En el entorno del PP no auguran soluciones improvisadas; se tomarán tiempo y muy posiblemente ese proceso lo pilote el propio Arenas.

El líder del PP-A ha dado muestras estos últimos 20 años de una demostrada capacidad de transformación y supervivencia. No hay que olvidar que continúa como vicesecretario de Política Autonómica y Local, cargo en el que le reafirmó Rajoy en febrero, y por lo tanto virtual número tres. Aunque algunos de los movimientos de ese (en apariencia inocuo) congreso del PP, cobran ahora otra lectura. Entró en la Ejecutiva Carlos Floriano como fuerza de equilibrio entre De Cospedal y Arenas; ahora que la encuesta decisiva, las urnas, han arrebatado la victoria a Arenas, éste puede verse desplazado por ambos a un teórico número cuatro del partido. Las cámaras de televisión nacionales, aquellas que desde 2008 han contribuido a proyectar una imagen nacional del candidato andaluz, ya no tendrían tanto interés.

Arenas, que marca sus objetivos en ocho años, se impuso en su regreso a la política andaluza tres retos: ganar en Almería, su circunscripción de acogida y que este domingo encalló en el objetivo del octavo diputado; allanar el camino a Mariano Rajoy, y arrebatar la mayoría absoluta al PSOE, objetivo frustrado y que pareció al alcance de la mano en los últimos meses, tras dos años de encuestas favorables.

Arenas, político persistente como pocos, tendrá que marcarse otros nuevos retos, que parecen fuera del Parlamento andaluz y del escenario de la política andaluza.

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