Amor desde el monóculo

A los enamoramientos de verano no les pasa más que a la mayoría de enamoramientos: que se acaban. Quizá la parafernalia estival lo haga todo un poquillo más aparatoso. Y un poquillo más abochornable, por predecible. A los que observamos desde la barrera, estas aventuras nos encantan. Nos encantan como le podrían encantar a la condesa viuda de Grantham: con el placer de ver, desde la distancia del monóculo, un accidente a cámara lenta.