Coca de Villablanca Recetas que viajan en el tiempo

  • La tradición de cocinar la coca de Villablanca se acelera cuando llegan los días de Semana Santa

  • Los secretos del típico dulce cofrade se traslada de generación en generación

Preparación de la típica coca de Villablanca. Preparación de la típica coca de Villablanca.

Preparación de la típica coca de Villablanca. / Jordi Landero

Aunque la receta la sabe todo el mundo, en cierto modo se trata de una combinación secreta. Y es que más allá de la cantidad de tales o cuales ingredientes, lo más importante es la experiencia y sabiduría acumulada con el paso de los años, y transferida de generación. De madres a hijas. De abuelas a nietas.

Se trata de la típica coca de Villablanca. Uno de esos manjares populares que, elaborados con los productos que da la tierra, suelen elaborar los vecinos de este pequeño municipio surandevaleño cuando en el horizonte empiezan a escucharse, aún algo lejanos, los primeros toques de corneta que anuncian la llegada de la Semana Santa.

En muchas casas la tradición ya se ha perdido, señala a Huelva Información Carmela Botello, que aprendió a elaborar este típico dulce cofrade de la mano de su madre, quien a su vez lo aprendió de la suya,… y así hasta no se sabe cuándo si seguimos retrocediendo en el túnel del tiempo, “pero en nuestro caso, y mientras podamos, seguiremos haciéndolas”.

De hecho, en el patio de su casa y con el típico horno de leña de jara como fogón principal, “como se ha hecho siempre”, Carmela se afana en la preparación del exquisito dulce ayudada por sus tres hijas, que ya han acumulado la suficiente experiencia y conocimientos como para estar en disposición de transferir la fórmula secreta a la siguiente generación.

Tres mujeres elaboran una receta que se traslada de generación en generación. Tres mujeres elaboran una receta que se traslada de generación en generación.

Tres mujeres elaboran una receta que se traslada de generación en generación. / Jordi Landero

Estamos en el número 3 de la calle San Sebastián de Villablanca, justo al lado de la iglesia del mismo nombre y en la zona más céntrica del pueblo. El escenario es un típico patio con aperos antiguos de labranza. El sonido de fondo los pájaros y el chisporroteo de la jara al quemarse en un horno que “lleva ya tres días encendido para que coja la temperatura adecuada”. Y en el ambiente un agradable aroma de ajonjolí, canela, limón y matalahúva que quita el sentido.

La escena es inconfundible para un villablanquero. Recuerdos. Niñez. Un café entre faena y faena: amasado, elaboración del dulce de cidra y del batido, amoldado de la masa en el latón y distribución de los distintos ingredientes por capas. Después llega el mágico momento de introducirlo todo en el horno, y finalmente el más maravilloso aún: sacar las cocas del mismo una vez cocidas. Ahí es cuando ya te caes de espaldas.En el centro de todo una vieja libreta con apuntes sobre números y porcentajes de ingredientes que solo entienden estas auténticas maestras artesanas. En esos papeles, pero sobre todo en sus cabezas está la clave. Y es que la coca de Villablanca, aún siendo la misma en todas las casas del pueblo, tiene un ligerísimo toque diferente según qué familia la elabore. “Las nuestras son las más ricas” asegura Carmela, porque “para cada familia la suya es la más rica. Cada una la hace como más le guste”.

Coca de Villablanca. Coca de Villablanca.

Coca de Villablanca. / Jordi Landero

Los ingredientes para elaborar la masa que hace de base para este exquisito manjar son harina, aceite de oliva, limón, levadura, vino blanco, ajonjolí, matalahúva y canela molida. Los del batido que lleva por encima huevo, aceite de oliva, azúcar, matalahúva, ajonjolí, limón rallado, canela y almendra molida. Y en medio una capa de azúcar, otra de almendra, otra de dulce de cidra y otra más de almendra. La guinda son varias almendras enteras y un poco de ajonjolí. “Es imposible que todo eso, una vez cocido, pueda estar feo”, concluye.

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