Feria de bilbao | Séptimo festejo de las Corridas Generales de Bilbao La rocosa quietud de Roca

  • El limeño corta dos orejas al sexto toro y sale a hombros tras una faena pletórica de valor

  • Castella y Garrido, con el peor lote, de vacío

El diestro limeño Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. El diestro limeño Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao.

El diestro limeño Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. / Miguel Toña / Efe

La plaza de toros de Bilbao no levanta cabeza en cuanto a la respuesta del público, en una edición en la que han apostado por las figuras sobre la trascendencia del toro. Con tres cuartos de entrada, Sebastián Castella, José Garrido y Roca Rey estoquearon tres toros de Victoriano del Río, dos de Toros de Cortés (primero y cuarto) –misma casa ganadera y de encaste Juan Pedro Domecq– y un sobrero de Encinagrande, como segundo bis. Una materia prima con muchas goteras y una terna de la que salió como triunfador Andrés Roca Rey, quien abrió la Puerta Grande tras una faena pletórica de valor y quietud en el cierre del festejo.

Sebastián Castella cumplió ante su lote. El que abrió plaza, alto, que manseó lo indecible en el caballo, embistió con codicia en la muleta de un diestro que, con entrega, realizó una larga e interesante faena en el aspecto técnico, sufriendo un inesperado hachazo cuando toreaba al natural. Mató de pinchazo y estocada caída y fue ovacionado.

El burraco cuarto se empleó en el caballo, pero se entableró de inmediato. Castella anduvo porfión con un astado de embestida cabestril. Mató de estocada.

José Garrido se entregó sin reservas ante el peor lote. El segundo sufrió una lesión medular y quedó descoordinado tras saltar al ruedo en el recibo de una larga cambiada de rodillas del pacense. Fue devuelto. En su lugar salió un sobrero de Encinagrande, hondo, a siete kilos de los 600, que se rajó inmediatamente sin dar opción al lucimiento. El extremeño mató de bajonazo.

Con el quinto, sin trapío, feo y protestado de salida, Garrido se esforzó lo suyo ante un animal al que le costaba embestir, parado y sin apenas recorrido. Con pundonor, todo acabó en un serio arrimón.

Andrés Roca Rey dio la talla y fue premiado con dos orejas en su segundo, ya que tras una gran faena dio un pinchazo antes de la estocada definitiva. El limeño se lució con un saludo capotero variado ante el tercero, bajo. Con la muleta abrió en los medios, a pies juntos, sin mover un ápice, intercaló dos arriesgadísimos pases por la espalda. Roca logró dos series diestras de escándalo, con ligazón y muletazos largos y de mano baja. La pena es que el toro no aguantó mucho más y acabó rajado, buscando tablas y sin esa transmisión que hizo saltar chispas. El limeño sacó provecho del astado junto a tablas. Mató de pinchazo hondo y descabello y fue ovacionado.

El benevolente público bilbaíno veía que la tarde se marchaba en blanco cuando saltó un sexto toro de pinta salpicada y largo, al que no picaron. Roca impactó con un quite por saltilleras, cambiando el viaje, una gaoneras y revoleras y realizó una faena importante, enmarcada en la quietud, que comenzó con estatuarios y donde enganchó, a base de valor, al astado en tres series diestras con ligazón y muletazos ceñidos que calaron con fuerza en el público. Por el izquierdo, al toro le faltó entrega. En la faena, se impuso la rocosa quietud de Roca, quien mató de estocada tras pinchazo y fue premiado con dos orejas, saliendo a hombros por la Puerta Grande de Vista Alegre.

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