Toros

Pinar pierde premio por el verduguillo, en tarde gris

  • El diestro albacetense destaca por su entrega · El linarense Curro Díaz, con el mejor lote, dejó algunos apuntes de su pinturería · El madrileño Matías Tejela porfió con el peligroso segundo y el incierto quinto

GANADERÍA: Corrida de Alcurrucén, en conjunto bien presentada y astifina. En juego, el primero, parado y noblón; segundo, manso y con peligro; tercero, manso, pero con un buen pitón derecho y aspereza por el izquierdo; cuarto, manso; quinto, reservón e incierto; y sexto, con genio. TOREROS: Curro Díaz, de sangre de toro y oro. estocada delantera desprendida y un descabello (saludos). En el cuarto, estocada entera perpendicular (saludos). Matías Tejela, de rosa y oro. Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio). En el quinto, cuatro pinchazos y estocada (silencio). Rubén Pinar, de nazareno y oro. Estocada hasta la bola, delantera y algo caída y siete descabellos (vuelta). En el sexto, dos pinchazos, estocada y dos descabellos (saludos tras aviso). Incidencias: Real Maestranza de Sevilla. Jueves 22 de abril. Decimoquinta de feria. Tres cuartos de entrada en tarde de agradable temperatura. José Manuel Montoliú fue ovacionado tras prender un buen par al primer toro.

Lo primero, la noticia: la reventa ofrecía ayer entradas por el mismo precio de taquilla e incluso invitaban a la negociación a aquellas personas que andaban junto a la plaza. Cuando entramos en la Maestranza descubrimos que en pleno jueves de farolillos la ocupación no superaba las tres cuartas partes de su aforo, en una tarde de agradable temperatura. Es un hecho que merece meditarse detenidamente, fuera de la precipitación que impone una crónica.

En la corrida de Alcurrucén (hermanos Lozano), muy en el tipo de su encaste núñez, hubo tres toros para sacarles jugo: primero, tercero y cuarto.

De la terna, destacó un Pinar muy entregado toda la tarde. Con el manso tercero, con un buen pitón derecho, el albacetense anduvo firme. Sin dudas, sin titubeos, en los tercios, atacó con la diestra y consiguió tres tandas que fueron muy ovacionadas y que estuvieron marcadas por la ligazón. Los muletazos, bajando la mano, fueron mandones. Por el peligroso pitón izquierdo consiguió una serie muy meritoria de ayudados. Cerró con una tanda en la que alternó pases con la derecha y la zurda, con un cambio de mano entre medias. Fue una faena de corazón y raza, por encima de exquisiteces. El manchego se tiró con garra para una estocada hasta la bola, delantera y algo caída. Todo indicaba que ganaría un trofeo. Pero el torero se precipitó y dio hasta siete descabellos. La vuelta al ruedo, tras ese mitin con el verduguillo, no vino a cuento en lo que se supone es una plaza de primera.

Con el sexto, otro manso, que lanzaba hachazos y salía de los muletazos mirando a las nubes, se entregó nuevamente en una labor porfiona, en la que alternó pases muy meritorios con enganchones.

Curro Díaz disfrutó del mejor lote. Debió sacar mayor provecho al toro que abrió plaza, parado y noblón. Pero el linarense no se afanó, como su compañero anterior, con Afanosillo, un toro de bella lámina que tenía una veintena de buenas arrancadas por el pitón derecho. El jiennense no se cruzaba y el tiempo pasó con muletazos sueltos, algunos de gran calidad, con el sello de su personal pinturería. Pero a la faena le faltó rotundidad. En el primer tercio se lució con las banderillas José Manuel Montoliú, entrando y saliendo del par andando, muy en el aire de su padre, el inolvidable Manolo Montoliú.

Con el cuarto astado, un animal sin entrega, Curro Díaz tampoco llegó a comprometerse totalmente. De nuevo surgían muletazos pintureros con Guitarro. El torero apuntó algunas bellas notas melodiosas, como algún pase de pecho, un trincherazo... pero, sin ligazón, todo aquello quedó en una labor tibia. El acierto en ambos casos con la espada, fue decisivo para que el público le ovacionara.

Matías Tejela, con el peor lote, cumplió con creces ante el manso y peligroso segundo. El diestro madrileño, con el reservón e incierto quinto, se mostró porfión, alternando muletazos estimables con otros en los que no siempre acertó con la distancia adecuada.

No pasará a la historia este festejo en el que lo más significativo corrió a cargo de un Rubén Pinar que fue el torero que llegó con más hambre de triunfo, pero que lo malogró en su primer toro, por el fallo con el verduguillo.

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